martes, 28 de junio de 2011

2-13

Han pasado algunos días desde mi escape, y el 'extraño' incidente con John, quien no ha vuelto a aparecer en mi ventana de messenger. En este estado lo último que deseo es sexo, y mucho menos propuestas de alguien que si a penas conozco, situación que se presenta muy a menudo en el ambiente gay de citas; lo que deseo es mejorarme, que toda esta locura pare y volver a mi vida, aunque sé que después de todo esto las cosas serán diferentes, mi vida va a ser diferente, posiblemente los lapsos de memoria, mis ausencias de la realidad nunca se vayan y hagan parte de mi por el resto de mi vida, también cabe la posibilidad que mi memoria a corto plazo quede dañada. La verdad no sé que vaya a ser de mi vida. Lo único que puedo hacer es afrontar lo que haya que afrontar.

- Juan - grita mi madre -, ya estás listo. Hoy tienes terapia.

Vuelvo a la realidad estoy en el baño del segundo piso de casa, observo mi rostro, me veo simiesco, no me reconozco, aunque sé soy yo, es mi imagen, observo el cabello rojizo y sin volumen. Hoy es el primer día de terapia ocupacional. No entiendo porque no me salen las lagrimas por mas triste que este, voy a seguir luchando sin importar si la muerte me espera mañana o dentro de 20 años, no se como subirme el animo de manera definitiva. 

¿Qué me pasa? ¿Qué es lo que tanto busco, que tanto me duele? 

Quizás  todo.

Como quisiera haber sido mas libre de mi mismo, haber cometido mas errores en mi vida errores que quizás no puedo cometer sin arriesgarme a perder mucho mas. Me duele mi idiotez, mi idealismo. Con migo mismo el problema no es el virus, ha sido mi actitud ante la vida, me duele horrible aceptármelo a mi mismo. El tiempo ya se ha ido, es irrecuperable pero como sea voy a reiniciar mi vida

El sentirme mal anímicamente hace que mi mente se nuble de  nuevo, que los constantes lapsos de perdida de mi memoria de trabajo se vuelvan mas constantes y pronunciados. 

No recuerdo como llegamos, solo se que hemos llegado al hospital donde me realizaran las terapias, mi madre me ha ayudado a quedar bien vestido. Voy con una chaqueta de cuero, un jean, un viejo buzo, zapatos deportivos. Curiosamente las terapias son en una clínica ubicada al lado del centro comercial de la Floresta, donde sucedió el incidente con John. Mi madre debe realizar una fila, me deja sentado mientras ella hace la fila donde informa que ya nos encontramos para la cita. Hay muchos ancianos esperando, al terminar la fila, madre dirige a mi, para ayudarme a ponerme de pie.
-Tapate mi amor - colocándome sobre la nariz una de sus improvisadas bufandas-. Estos hospitales están llenos de infecciones , los niños y los viejitos son los que mas cargan enfermedades, yo no quiero volver a verte enfermo.
Aún me rascan los ojos me rascan, aún estando despierto me salen y me salen mas lagañas, recuerdo que mañana tengo cita de infectología, sólo espero que me den algo para parar la conjuntivitis

Ahora debemos buscar el consultorio de la fisioterapeuta con la que tenemos sesión, los corredores llenos de gente humilde, mujeres con niños, ancianos achacados sobrecargan mi mente dañada, el ruido me molesta de sobre manera, especialmente los llantos de los niños.

Los corredores blancos de puertas marrón parecen todos iguales. Fácilmente me desoriento, solamente sigo a mi mamá, temo perderme y no saber como salir de allí, como aquella vez en el hospital cuando fui solo al baño. Mi madre va preguntando por el consultorio de terapia ocupacional, mientras voy tras ella, en medio del opresivo blanco de las paredes, las luces halógenas, y los ecos de los llantos de los niños amplificados por los estrechos corredores.

Llegamos a una pequeña sala llena de gente, es una sala cuadrada con sillas plásticas, mi madre me sienta en una de ellas, para luego ir a dejar la autorización de la cita en un pequeño buzón colgado de la puerta de uno de los consultorios. Luego de un rato perdido entre mis lapsos de memoria, escucho mi nombre desde el consultorio.

Entramos con mi madre. Es un consultorio relativamente pequeño, pero está lleno de juegos para niños, cajas de rompecabezas, y otra cantidad de artilugios plásticos para las múltiples terapias.

- Buenos días. - Nos saluda la terapeuta - Mucho gusto, mi nombre es Elvia Paredes. ¿Qué los trae por acá? 

La doctora Elvia de sonrisa amplia, me inspira confianza y tranquilidad, es una mujer alta y robusta, de buen talante, de cabello negro largo recogido, viste uniforme blanco,  y una camisa de tono muy claro. El tono de su voz es dulce aunque su voz sea algo gruesa. 

- Doctora - dice mi madre -, vea es que mi hijo tuvo una enfermedad neurológica grave.

- Permítame ver la historia.

Mi madre carga con el cartapacio de papeles en el que ahora se convirtió mi historia médica.

La doctora lee la historia, y yo...yo estoy absorto, perdido entre los cientos de artilugios plásticos, las cajas de rompecabezas, y otros juegos infantiles.

- Bueno señora, puede salir, su hijo está en buenas manos. Cuando salga me podría hacer el favor de llamar al paciente  Federico Aldana.

La doctora me sienta en una mesa en la mitad del consultorio, ella trae unos vasos llenos de plastilinas de durezas de varios niveles. Un vaso de plastilina roja, otro de azul y otro de verde, lo sé por los textos.

- Juan, quiero que tomes la plastilina verde, y sobre la mesa la amases como si fueras a hacer arepas

En este, mi mundo gris, a pesar de saber que los colores existen, en realidad no puedo discernirlos, mi mente no entiende el color, ahora que puedo leer algo mejor tomo algo de almacigo del recipiente que me ha indicado la doctora. En realidad no tengo objeción alguna, de un momento a otro mi brazo derecho salta. Al mismo tiempo la doctora recibe a Federico. El señor Federico es ya mayor, una de sus hijas es quien ingresa con él.

- Hola Albita - Saluda la doctora a la joven- Cómo va su papito con el Alzheimer? Si ha notado algún cambio?

- Ay doctora, pues a veces responde bien, pero sumerce sabe, se le siguen olvidando las cosas.

- Mija, toca con paciencia

- Si doctora, que mas se puede hacer.

- Cuando salgas por favor llámame a la mamita de Beto Roa

Don Federico se ha sentado a la mesa conmigo, se nota su origen campesino. Mientras entran Beto y su madre, la doctora toma un pequeño rompecabezas  de 8 piezas, el cual desarma frente a don Federico

- Don Fede, hoy le toca el rompecabezas -le dice con voz dulce -

Estoy absorto tratando de sacar algo de plastilina del tarro verde, pero...no puedo. Hasta ahora me doy cuenta de la debilidad generalizada de mis dedos, aunque no sé si es debilidad muscular real, o son mis nervios los que no responden bien.

- Juan, si no puedes con la verde, intenta con la azul.

Por fin logro tomar algo de plastilina azul, su textura es como la de vieja plastilina azul usada para limpiar las teclas de las máquinas de escribir.

- Buenos días señora Ana, como va mi chiquitín. ¿Si han estado juiciosos con la terapia en casa?

- Buenos días doctora Elvia. Es complicado, Beto se me distrae muy fácil.

- Señora Ana, toca que se ponga las pilas con el niño, acá yo los puedo ayudar, pero el trabajo de verdad lo tienen que hacer a diario ustedes en su casa.

- Si doctora, pero es que a mi tampoco me queda mucho tiempo.

- Pues usted verá - contesta seria la doctora Elvia -. El avance del niño depende de usted y su marido. 

La señora Ana no replica, y se dirige a la puerta. 

- Señora Ana, ciérreme bien la puerta cuando salga. 

Beto ya conoce cual es su lugar,  un tapete de plástico con algunos juguetes tras la mesa donde don Federico y yo nos encontramos

- Bueno Beto, hoy tienes que hacer cuadrar las figuras para que todas queden adentro.

La doctora toma una esfera con múltiples agujeros con sencillas formas geométricas, junto con las piezas que Beto debe lograr introducir en la esfera.

Hacía años no agarraba plastilina para moldear, el concentrarme en la textura, en mover los dedos y controlar los músculos de  mis manos me mantiene en el ahora, sin lapsos de memoria, sin perder el hilo de la realidad. Mientras juego con la plastilina como un niño, observo colapsado a don Federico frente al rompecabezas, son solo ocho piezas, él no logra articular como deben encajar, volteo a ver y Beto se encuentra en la misma situación que don Federico.

Siento algo extraño en esta situación.

- Bueno Juan, vas a cambiar con don Federico, ahora tú vas a armar el rompecabezas y le vas a pasar las plastilinas a don Federico.

Veo el pequeño rompecabezas, las fichas son enormes. No les veo sentido. No entiendo las formas. ¿Cómo diablos se supone deben encajar estas enormes y deformes piezas de cartón? Observo las piezas con extrañeza, siento, mi expresión es la misma que tenía don Federico hace algunos instantes. La doctora por el momento está con Beto, mostrándole las formas geométricas. Intento juntar las piezas al azar, pero no sé como van, la verdad no lo entiendo, me siento frustrado, quiero llorar, pero aquí no puedo.

- Juan, pudiste armar el rompecabezas

- No      no      pude.

- Tranquilo, no te preocupes. Te voy a dar un último ejercicio, nos quedan apenas 10 minutos 

La doctora busca entre los anaqueles una carpeta, de ella toma un papel. Se dirige hacia mi, alcanzo a ver en la hoja algo como un crucigrama.

- Juan, mira intenta resolver esta sopa de letras.

Retira el  rompecabezas

- Don Federico, me va a continuar con el rompecabezas.

Al dejarme con la sopa de letras se dirige a su escritorio personal. La sopa de letras me parece mas fácil que el rompecabezas, ya por mi cuenta medianamente volví a recordar el uso correcto de las letras, aunque aún me confundo, todavía se me hacen extrañas y sin sentido la mayor parte del tiempo, debo hace mucho esfuerzo mental para que tomen coherencia. Luego de esforzarme, logro resolver la mitad de la sopa de letras. 

- ¿Cómo vamos mis muchachotes? ¿Ya terminaron? Ya se acabo la hora de terapia, para la próxima vamos a hacer otras cositas.

La doctora se dirige a la puerta, una vez abierta hace un llamado.

- Por favor los acompañantes de Federico Aldana y Juan Diego Ortiz.

Una vez mi madre y la hija de don Federico han entrado, la doctora ya tiene listas las órdenes para las siguientes sesiones de nosotros tres.

- Señora Ana, vea la orden para la próxima sesión, y por favor hagan terapia con el niño.

La señora Ana se va sin despedirse. 

-  Albita, mire acá está la orden para la siguiente sesión de su papito. Me lo cuida mucho.

- Gracias mi doctora. Que mi diosito me la bendiga.

- Señora María, acá está la orden para la próxima sesión.

- Caballero, noes vemos dentro de una semana.- dirigiéndose a mi -

- Señora esperé - dice la doctora a mi madre -, a Juan yo lo veo que puede progresar. Por mi programaba terapias para él todos los días pero la EPS no me da agenda, para que hagan terapia en casa le pueden ir comprando unas revistas de sopas de letras, eso le va ayudar mucho a irse recuperando. En las otras sesiones le voy a ir dejando mas ejercicios para que haga en casa.

- Muchas gracias doctora - dice  mi madre -

Ya fuera de la clínica

- Mi amor, vamos al supermercado de la floresta, voy a aprovechar para comprar algunas cosas.

Mientras mi madre realiza sus compras la sigo con lentitud, pero hay algo, algo en mi mente, observo el techo, las luces brillantes evocan algo, esa misma sensación de conocer los colores, pero no poder entenderlos, y al mismo tiempo como si casi los pudiera volver a 'entender', es como con aquel musgo en la ventana del bus cuando hui de casa, como si por un segundo todo se iluminara, y los colores estuvieran otra vez ahí siempre sin esfuerzo, en vez de este extraño y sombrío mundo 'gris' en el que está atrapada mi mente.

Un rato después mi mamá ha terminado ya sus compras, yo sólo quiero descansar, por mas sencilla que haya sido la sesión de terapia, me dejó con dolor de cabeza, debo esforzarme mucho para entender las cosas. En la fila, al ir llegando al cajero, veo el escaparate de las revistas, allí hay revistas de farándula, política, junto a libros de autoayuda, y en el último segmento hay algunas revistas de sopas de letras. 

- Mi   ra           maaa mi. - mientras señalo con el dedo la revista -

Mi madre la toma, y procede a pagar la cuenta.

De vuelta a casa el esfuerzo mental de tratar de resolver el rompecabezas para niños me deja colapsado, duermo casi todo el tiempo de camino a casa. Con los ojos cerrados, medio dormido, pienso para mi 

- Realmente mi estado mental es deplorable, quizás todo el daño sea irreparable a pesar de las terapias, ojalá sea como dice la doctora.

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