Es la mañana de...uhmm no sé que día es hoy, ni cuanto tiempo ha pasado, mi madre llega muy cabizbaja, por toda la situación, estoy mirando al techo conectado a una bolsa de suero. Mis momentos de conciencia oscilan entre espasmos y dolor, me duelen mucho la espalda y el cuello, mis manos y mis piernas saltan automáticamente, a veces de manera violenta, mi boca se siente áspera y sin sensaciones...
Al rato llega un médico, para hablar con mi madre.
- ¿Será que si tiene SIDA?- mi madre pregunta al médico-
- Señora la prueba de ELISA no es definitiva es mejor que se calme. Mire esta tarde vamos a realizarle otro examen, con el que se definirá el diagnostico, además de analizar si hay alguna otra infección que esté causando el problema neurológico
Mi madre se calma. La mañana ha estado algo agitada, han venido mi tía Ginet, Samuel uno de mis mejores amigos, también mi padre y mi hermana. Es ya tarde me han llevado en silla de ruedas a una radiografía de tórax. Todo es confuso. Lento. Difuso. El tiempo no existe la realidad se diluye...
Soy llevado de vuelta a mi habitación, mi madre ha salido por alguna razón; de nuevo la incontinencia aparece, esta vez el baño de la habitación esta cerrado. Me puede mas el dejo de vergüenza que el dolor, mi madre dejo mi teléfono móvil al lado de la cama, el suero ha hecho efecto tengo algo mas de energía pero aún estoy débil lo tomo, arriesgándome a ir al baño del piso:
- Pppeer dón ¿d on de está el ba ño?- pregunto a una enfermera-
- Sigue por el pasillo a la derecha
Lentamente me muevo por el corredor hasta dar con el baño. Es un lugar sucio, el penetrante olor de las necesidades de los otros pacientes trasgrede mi embotado olfato, recordándome el sentir de lo vivo.
- Pppeer dón ¿d on de está el ba ño?- pregunto a una enfermera-
- Sigue por el pasillo a la derecha
Lentamente me muevo por el corredor hasta dar con el baño. Es un lugar sucio, el penetrante olor de las necesidades de los otros pacientes trasgrede mi embotado olfato, recordándome el sentir de lo vivo.
Olvido donde estoy.
El olor del baño me trae de nuevo a la realidad, pero olvidé como regresar a mi cuarto. Estoy desorientado, no sé como regresar a mi cuarto, tengo el teléfono en mi mano, tengo miedo, quiero a mi mamá, mi madre está a una llamada, pero mis débiles y temblorosas manos no pueden manejar el pequeño móvil. Lo intento, lo intento recostado contra una pared.
El móvil responde, pero mi mente no, no entiendo las letras.
No entiendo los números.
Debo enfocarme en recordar.
Me enfoco en que mis dedos paren donde recuerdo debe decir 'mami'.
No sé si esa es la palabra.
Creo que lo es, solamente marco.
- ¿DÓNDE ESTÁS? Te fuiste con el celular, ya estaba preocupada
- Ess toyyy pp eeeeeerrrdiido, ffu i al baño
- Quedate donde estas ya voy a buscarte - dice con afán -
Tengo frio. Mi madre llega con una enfermera, entiendo poco de lo que dicen.
- ¿DÓNDE ESTÁS? Te fuiste con el celular, ya estaba preocupada
- Ess toyyy pp eeeeeerrrdiido, ffu i al baño
- Quedate donde estas ya voy a buscarte - dice con afán -
Tengo frio. Mi madre llega con una enfermera, entiendo poco de lo que dicen.
Al llegar al cuarto me acuestan de nuevo. Ahora mi madre desde su silla al lado de la cama peina con sus manos mi cabello.
Ha pasado un rato largo, una enfermera llega, habla con mi madre, luego se dirige a mi:
- Mira solo falta un examen, te vamos a realizar una punción lumbar para extraer muestras del fluido de tu columna. Esto va a ser muy incomodo, pero vas a tener que estar con las piernas arriba por cerca de una hora; cuando termine debes mantenerte quieto en esa misma posición ya que de no hacerlo puedes dañar los nervios de tu columna.
Temblando, la enfermera y mi madre colocan mis piernas hacia arriba en posición fetal , como queriendo hacer un rollo hacia atrás. Estar en esta posición me ayuda a calmar algo el dolor de la cintura, veo la aguja, es la aguja mas larga y gruesa que haya visto en la vida, la enfermera se acerca, siento un punzón en mi columna, solo eso, no hay dolor, ni miedo:
- Que valiente, ahora vuelvo - dice la enfermera -. Señora - dirigiéndose a mi madre - tengo que pedirle el favor que salga, ya la hora de las visitas acabó.
Mi madre se despide cariñosamente, dejándome una tibia cobija roja, como despedida solo tiemblo.
Quizás ha sido una hora, quizás dos, quizás un día, quizás la eternidad entre los lapsos de memoria sin recordar lo que ha pasado siquiera un minuto antes. La enfermera vuelve, toma el tubo hacia el cual fluye desde la aguja en mi columna un fluido lechoso pero cristalino. Separa el tubo y la aguja, marca la muestra.
-Listo, ahora debes descansar pero mantén siempre la misma posición
La misma incomoda posición, la misma, la misma, por tres horas mas que son igual de dolorosas y eternas, por fortuna mi madre me ha dejado la cálida cobija de avión que mitiga el frío de mi cuerpo sin calorías.
-Listo, ahora debes descansar pero mantén siempre la misma posición
La misma incomoda posición, la misma, la misma, por tres horas mas que son igual de dolorosas y eternas, por fortuna mi madre me ha dejado la cálida cobija de avión que mitiga el frío de mi cuerpo sin calorías.
No sé a que horas he quedado dormido. Despierto de madrugada escucho la respiración de mi vecino, un anciano al que nadie había visitado, respira de manera extraña. Ahora mi única entretención entre los lapsos de memoria es escuchar sus estertores, cada vez entre jadeos va respirando más, más despacio, el cuarto baja de temperatura de manera anormal, sombras cubren la habitación.
Un etéreo perfume a alcohol puro y cloro inunda la habitación. Es ella.
La respiración de aquel hombre se detiene, su último suspiro es de paz, observo desde mi cama como aquel hombre fallece. Las sombras púrpuras, grises, azules de la madrugada, el silencio de las salas, los ruidos lejanos de los corredores, mi inconciencia, mi dolor acompañan su partida.
Y aquel aroma permanece.
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