Un prado sin fin se extiende hacia el horizonte en medio de un invierno lleno de nieve. El prado se ha nublado, la visión de la inmensidad desparece para darle paso al vacío. El piso es mi único punto de referencia.
NIEVA!!!
Suaves copos de nieve se posan sobre mis pestañas, también en mi chaqueta, extiendo mi mano derecha para sentir la nieve, el frío, la suavidad, observo la forma de los copos de nieve, hay miles de ellos cayendo, todos tienen la misma forma, la forma del virus en 2D, caen del cielo miles, no cientos de miles de copos de nieve con esa perfecta belleza geométrica, todos acumulándose en el suelo con blancos destellos iridiscentes.
Kaletra también me ha brotado, tras algunos días he sentido que todo todo mi cuerpo mejora, no rápidamente sino como una suave braza cuyas llamas empiezan a asomar tímidamente al ritmo de un soplo fuerte. En una semana el miedo de las escaleras despareció, aún siento mucho cansancio, mucha fatiga, esta apatía extraña, este extraño estado de laxitud mental me mantiene más tiempo en el vacío que en la realidad.
Han sido días de dormir, duermo cerca de 14 horas diarias, me levanto igual de cansado y agotado, helado por culpa del sudor frío, muchas veces debo levantarme para pedir que me cambien la camiseta de dormir, las camisetas quedan empapadas en sudor mezclado con aceite, cada día detesto mas el olor del aceite mineral perfumado, la migraña ha ido mitigando sus ataques.
Dentro de mi se libra una batalla a muerte con el virus, lo sé, simplemente lo sé, mi mente se desestabiliza tratando de tomar forma de nuevo, buscando la forma de reconectar todo lo que se desconectó, siempre sin garantía de quedar igual, los lapsos de memoria en el vacío están llenos de recuerdos, de formas abstractas. Si desde hace algunos años no hubiera aprendido a viajar entre sueños a diferenciar mi realidad interna que como la de muchos es un caos quizás mi conciencia estaría en un peor estado, estaría cayendo en la locura.
El ponerme la ropa, el ir al baño, el comer, es una batalla de por si. Todo mi cuerpo es un solo espasmo, un solo y enorme dolor, un dolor generalizado que nadie imagina, mis manos tiemblan, saltan solas, lo mismo las piernas, los músculos de la espalda, me es imposible siquiera comer solo sin que derrame mucha de la comida, no puedo usar el celular, no entiendo los números ni los símbolos, no puedo entretenerme con un libro o mi consola portátil de videojuegos. Tengo siempre, siempre presente aquello que dijo el neuroinfectólogo:
- Chino ud va quedar bien.
Bien, pero ¿En cuanto tiempo?
Debo mantenerme luchando, pero es tan duro, es tan difícil poder hacer tan poco en el estado en el que me encuentro, en los momentos de conciencia me inunda la frustración, pero como siempre, como siempre tengo una esperanza, una esperanza que todo esto terminará algún día, desearía estar un poco mejor, tener algo mas de control sobre toda esta situación. Recuerdo, le dije a Jairo que nunca lo culparía, que si algo pasaba asumiría las consecuencias de mis propios actos. Este estado es consecuencia de mis actos, quizás no tanto de no cuidarme con él, me parece es lo de menos, además lo amé con locura, ahora lo que me incomoda es ese miedo irracional e ignorante que tenía a realizarme el western blot tras las pruebas en estado indeterminado, quizás hubiera podido evitar todo esto... No lo sé quizás era necesario todo esto, en el estado en el que estaba mi vida no iba para ninguna parte, creyéndome libre con las cadenas del trabajo y las presiones en los hombros. Ahora sé que no soy para siempre, algún día moriré. Profundamente sé que soy mortal...tan dura esta lección,
NO SÉ CUANTO TIEMPO DEMORARÉ PERO SALDRÉ DE TODO ESTO.
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