Despierto en cama, Lana duerme a mis pies, entre las terapias y casa han pasado ya algunas semanas, todas iguales, mi mente rota, perdida...pero hay algo, algo con mi mente que no logro explicar,
algo está pasando, y no logro identificarlo, son detalles ínfimos, como aquel pequeño musgo en la ventana del bus cuando hui desesperado de toda esta situación, o como el techo de supermercado luego de mi primera terapia ocupacional, esos pequeños instantes de extraña lucidez se han vuelto mas frecuentes, aunque los lapsos de memoria siguen allí, mis músculos también siguen saltando solos, aunque con menor frecuencia. Prendo la televisión, en las mañanas siempre está 'Smallville', la cual observo sin entender mucho, solo coloco la televisión para abstraerme lejos de mis ausencias de la realidad.
Las terapias ocupacionales le han sentado bien a mi mente enferma, la doctora tenía razón. Aquella revista de sopa de letras se ha convertido en mi compañera constante, en el tiempo libre en casa, durante los tiempos de espera de las citas con los múltiples especialistas, gracias a ello mi mente se encuentra mas lúcida, y durante la última sesión pude resolver el rompecabezas de 8 enormes piezas que don Federico sigue sin poder armar. Al ver mis progresos la doctora me ha dejado algunas hojas con laberintos y problemas que requieren ecuaciones sencillas para ser resueltos. Me frustra enormemente no poder resolverlos fácilmente, pero todo es un proceso, mejorías he visto, aunque quisiera mejorar ya, retomar mi vida. Solo me intrigan los destellos de extraña lucidez.
Durante la consulta anterior me formularon un antibiótico para la conjuntivitis, aunque la infección cedió, mi párpado inferior izquierdo quedo con un pequeño y molesto abultamiento. Que la infección se haya ido es un parte de tranquilidad para mi, aunque el abultamiento me molesta. Omar ha aparecido poco por messenger, ha estado ocupado, lo mismo Javier, hay días en los que paso un buen rato viendo y viendo perfiles sin saber que busco en medio de la soledad y el desespero sexual de los usuarios de la plataforma.
- Juan, tienes que levantarte, hoy tenemos que ir a cita de infectología.- por alguna razón mi madre está de mal genio, ella es así tiene sus días -
Al levantarme y correr las cortinas, de nuevo llueve en la ciudad, no ha parado de llover desde que enfermé, las noticias dicen que es el invierno mas largo del que se tenga registro hasta el momento.
Nuevamente repito la rutina diaria del baño, verme simiesco, dudar de mi cordura, culparme de todo esto, perderme en los abismos de mi mente y salir a fingir que estoy algo mejor, y si innegablemente veo mi cabello mas negro y con mas volumen, también me puedo vestir solo, aunque de vez en cuando sigo confundiendo las direcciones de las ropa interior y las camisetas.
- Juan, ya esta listo, ya serví el desayuno. - grita mi madre, de nuevo con ese extraño tono -
Creo que hoy va a ser un mal día con ella. Sé ella me sigue culpando, por todo esto, por hacerla sufrir, por poner a toda mi familia en semejante apuro. Hay días en los que ella toma el asunto con resignación otros días, amanece como hoy sin querer hablarme o hablándome golpeado, pero aún a pesar de todo me ayuda, y esta presta para cualquier cosa que yo requiera. De verdad soy afortunado al tener a mi familia apoyándome, sé muchos muchachos homosexuales no cuentan con la fortuna de una familia como la mía, empezando por haber aceptado mi orientación sexual mas bien sin mayores traumas.
Esta vez mi padre ha pedido un taxi, para llevarnos al hospital San Ignacio, donde son los controles. San Ignacio es un enorme hospital universitario, allí fue a donde fui llevado de urgencias. El hospital tiene un ala en el último piso de una sus torres, donde somos atendidos todos los pacientes del programa especial para pacientes de VIH que tiene la aseguradora de salud que tengo contratada. Al llegar a la sala de sillas azules tomamos turno, frente a las cuatro filas de sillas hay una serie de cabinas donde funcionarios del hospital reciben los papeles de los pacientes para redirigirlos a los respectivos consultorios. Los consultorios se encuentran en un largo corredor al lado izquierdo de la sala de espera.
Mi madre no ha chistado palabra desde que salimos de casa, el ambiente está tenso y no sé porqué. luego de un tenso rato, la pantalla digital marca nuestro turno. Mi madre va a uno de los cubículos. Al regresar, me levanto y ella me lleva por entre el corredor a uno de los consultorios. Allí nos espera una doctora.
- Buenos días, me presento mi nombre es Magaly Eusse. Tu debes ser Juan Diego, ¿y la señora que parentesco tiene?
- Soy la mamá de Juan.
- Bueno voy a revisar tu historia.
En el programa los pacientes mensuales somos atendidos siempre por un doctor diferente, la doctora Eusse, se ve elegante, y segura. La doctora toma unos minutos eternos en revisar mi historia.
- Bueno Juan, veo que ingresaste recientemente apenas hace unos pocos meses al programa, por...leuco encefalopatía por VIH. Veo que tenías la carga viral alta, los cd4 en 122. Colesterol y triglicéridos están bien. El reporte de dermatología dice que las verrugas plantares ya desaparecieron, vamos a ver es como va la leucoplasia, las cándidas, y el Kaposi. Por favor quítate la ropa y pasa a la camilla.
Durante los últimos controles mi madre me había ayudado a quitarme la ropa y los zapatos, pero esta vez se queda quieta, haciendo mala cara. Me levanto, y aunque me cuesta trabajo logro realizar la tarea sólo y paso a la camilla.
- Abre la boca.- dice la doctora -
- AHHHHHHHHHHHHHHHH - yo con la lengua afuera -
- Veo que ya no tienes leucoplasia, pero quedan algunas plaquitas de cándidas en la garganta. Te voy a seguir dejando la nistatina por un mes mas,
La doctora me ausculta, y me toma la tensión, Coloca el frío estetoscopio en mi pecho.
- Respira profundo...Otra vez...otra vez...Listo. En la historia me dice que tenías un pequeño kaposi en el muslo derecho, pero ya no veo nada. Voy a colocar que está resuelto. Ya puedes vestirte.
Ahora la escena de volverme a vestir vuelve y se repite, realmente no puedo reprocharle nada a mi madre. Siento que está en todo su derecho de sentirse mal, aunque también me hace sentir incómodo. Demoro en vestirme. Mientras me visto la doctora ha terminado de escribir sus hallazgos en el computador.
- Bueno Juan, te veo muy bien, estás respondiendo al tratamiento, te voy a dejar la orden para el examen de carga viral y cd4 para ver como vas con el medicamento. También te voy a dejar la orden para los suplementos nutricionales, esos los pueden autorizar en la calle 53. Y bueno eso es todo, que tengan feliz día.
- Gracias doctora - dice mi madre -
- Hasta luego doctora.
Toda esta visita ha estado muy tensa con mi madre y su actitud. Al salir del hospital nos dirigimos en taxi a las oficinas de la droguería de la aseguradora en la calle 53. La actitud de mi madre, me hace sentir mas inútil de lo que ya me siento en este estado dependiendo de mi familia para muchas de las tareas relacionadas con mi salud. Siento como si ella sintiera que soy un farsante, fingiendo que estoy mal para que me atiendan.
Ya en la droguería mi madre hace una fila por cerca de media hora, mientras espero sentado mirando al infinito perdido en un lapso de inconsciencia, del cual un espasmo de mi omoplato derecho me devuelve a la realidad. Al regresar a la realidad, mi madre ya tiene la enorme y pesada caja de suplementos en el mostrador de dispensación de la farmacia. Con un gesto me llama, así que lentamente voy hasta donde ella se encuentra.
- YO NO VOY A CARGAR ESTA CAJA - Dice de manera enérgica - YO NO FUI LA QUE SE METIO EN ESTE PROBLEMA, NO FUI YA LA QUE NO SE CUIDÓ, ASÍ QUE HOY LE TOCA CARGAR LA CAJA.
No puedo decir nada. Creo siento rabia, pero en la maraña de mi mente no recuerdo bien la rabia, sólo sé que siento presión en el pecho, ganas de gritar, de golpear algo. Y si, sé que estamos en esto por mi culpa, aquí soy yo él que mas sufre, al que le duele todo el cuerpo, soy yo a quien le saltan los brazos y las piernas, soy yo el que no sabe si algún día se va a mejorar, y no es justo.
La vida no es justa.
- LO ESPERO AFUERA.
No tengo opción, así que levanto la pesada caja con mis débiles y temblorosos brazos. Mi madre sale de la farmacia a un ritmo que no la puedo seguir. En el camino hasta la salida de la farmacia, debo parar varias veces, al salir mi madre tiene ya un taxi esperando. Con lentitud subo la caja en el baúl del carro.
Quisiera poder decir que entiendo a mi madre y su dolor, pero esta vez no la entiendo. Y por primera vez desde que enfermé, estoy seguro de que siento algo, de que por lo menos un sentimiento aparte del miedo, y el dolor emocional, está totalmente claro, es RABIA.
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