Que triste época, tristes días de lluvia en mi corazón, la ciudad esta tan enferma como yo, las nubes de la ciudad lloran esas lágrimas que no pueden salir de mis ojos. El cielo oscuro, frío, la lluvia que no cesa, el beso de "la niña" mas fuerte en la historia del país, la peor época de lluvias que ha tenido Colombia . No puedo salir ni al garaje por riesgo de infecciones respiratorias, Solo observo la lluvia desde mi ventana, mientras bajo mi ropa arde el calor acumulado de todos mis cobertores.
Me preocupa tanta lluvia, algunas de mis plantas morirán, quiero salir pero no puedo; aún si pudiera no tengo la fuerza ni la coordinación para salvarlas, solo puedo ver impotente tras la ventana, como amarillan y decaen...por suerte pronto lo olvido.
Observo el techo recostado sobre mis cobijas. La ciudad está gris, escucho la lluvia tras la ventana, todo duele, todo pica, el tiempo está trastocado, no sé que día, ni que hora es, solo sé, llueve. Las citas, el transporte todo siempre bajo la lluvia, lluvia que parece no acabar, y mi cuarto gris, mi mente gris, la vida gris sin emociones. Rasguños se escuchan tras la puerta de mi cuarto, mi madre abre, la pequeña Lana entra, trepa a mi cama para acostarse a a mi lado. Observo sus orejas blancas, la forma en la que se enrosca a mi lado al lado de mi abdomen, me volteo hacia ella, y me enrosco dejándola a ella contra mi abdomen. Siento su pequeño calor, ella me da tranquilidad.
Hace un par de años tras la muerte de nuestro perro, nuestro hogar quedo vacío, sus ladridos, sus saludos sus juegos ya no estaban con nosotros. Siendo un perro criollo, gustaba escapar de casa para luego volver algo golpeado y sucio, aquella noche, aquella misma noche en que llevé por primera vez a Jairo a casa, el perro llego cojeando mas golpeado de lo común, mas ensangrentado, pero como siempre alegre de verme.
Me preocupo su situación jamás lo había visto así, él era mi hermano, con quien salía a jugar, él era quien me acompañaba a trotar en las mañanas, él quien dormía conmigo, él quien me acompañaba cuando estaba enfermo, ese amigo fiel, ese el mejor amigo del hombre. No quisimos llevarlo al veterinario, tantas veces había vuelto así que decidimos esperar, algo me preocupaba de su estado, pero aquella noche era mía y de Jairo.
Al día siguiente mi padre entro a mi cuarto llorando, mi padre lo encontró muerto, había muerto en la madrugada en el patio interno de la casa. Bajé al patio, toqué su cuerpo aún cálido esperando sentir un latido, un ladrido, hice presión sobre su pecho esperando una respuesta, un último rastro de aire salio de su cuerpo sin vida. Aquella mañana lloré, lloré, lloré más que por persona alguna en esta vida, entre lágrimas llamé a Jairo quien había salido tarde de mi casa la noche anterior. Jairo siempre fue un amor, desconcertado al escucharme llorar, me consoló aún con el corto tiempo de conocernos. Aquel día desayunamos lágrimas.
Mi padre colocó el cuerpo del perro dentro de una bolsa negra de basura entre lágrimas, mientras mi madre y yo observábamos.
- ¿Dónde lo vas a enterrar?
- En el potrero que está detrás de las casas
Ese potrero por donde solía escaparse, aquel potrero habitado por varios búhos blancos que volaban sobre las últimas plantas originales que quedaban de la sabana dentro de la ciudad.
Fueron días de mucho dolor, días donde me encerraba en los baños del banco a llorar, lamentando ese vacío, sin saber la razón por la cual murió.
Cada día la casa se sentía más y más vacía, especialmente en ese entonces que mi hermana estaba en USA. El vacío en nuestras vidas era grande. Mi hermana también se lamento al enterarse.
Al llegar a casa siempre estaba mi padre en un sillón llorando, él después de mi fue quien más lloró.
No esperábamos su reacción, mi padre siempre lo regañaba y lo golpeaba, al parecer toleraba poco su presencia, creo tenía cierto sentimiento respecto a que determináramos más al perro que a él, pero ciertamente mi padre creo esa vacuidad a su alrededor, mi padre siempre fue bastante ausente, aunque estaba allí parecía que no estuviera, el perro se sentía mas vivo, mas alegre, mas presente que mi padre.
Esa ausencia era insoportable para mis padres, también para mi, lo extrañaba en mi cuarto en las noches, lo extrañaba al salir a trotar. Su ausencia se tornó tan sólida e irrespirable, que mis padres decidieron traer un nuevo perro.
- Padre, mira lo que trajimos -mi madre-
Dentro de una caja de cartón yace una enjuta cachorra blanca, sus ojos llenos de lagañas, su cuerpo endeble y tembloroso no atisba a saludar.
- ¿Mami cómo se les ocurre traer esa perrita?¿De dónde la trajeron?
- De la plaza del Restrepo
- ¿Cómo se les ocurre traer un perro de allá? Ustedes saben que allá los tienen muy mal, los pobres perros llegan enfermos, débiles y llenos de pulgas.¿Cuántos meses tiene?
- Tiene dos meses, pero es que allá los perros son baratos.
- Si, pero porque saben que se les van a morir ¿Cuánto les costó?
- Cincuenta mil pesos y es cocker...de la pradera. Antes el viejo ese nos estaba pidiendo dizque cien mil pesos.
- AHYYYY mami. No respondo por la perra, si se les muere ustedes verán, yo de por si no quiero mas perros en la casa.
- Lo voy a ver cuando la perrita le mueva la cola, le ladré y se le acueste a dormir.
Con los días nos turnamos el cuidado de la perrita, las diarreas, el desanimo invadieron a la pequeña. El estado de la cachorra empeoró, para en la última visita al veterinario fallecer.
Ya en casa mis padres discutieron.
- Pero como vamos a perder esa plata - mi madre dirigiéndose a mi padre - Mañana mismo vamos a la plaza y le hacemos el reclamo al viejo ese.
- Mami ¿Pero para qué van a ir a hacer reclamo? ¿Para traer otro perro en peores condiciones?
- Por lo menos que me devuelvan mi plata.
Mis padres fueron de nuevo a la plaza, al hacer el reclamo el vendedor les prometió una perrita en mejores condiciones, una de las madres del criadero tiene varios perritos de un mes y medio de nacidos, el hombre les ha prometido uno de los cachorros para el día siguiente por veinticinco mil pesos mas.
- Al fin trajeron la perrita- al llegar de trabajar al día siguiente-
- Si - mi madre - tu papi la tiene arriba.
Entre otra pequeña caja de cartón sobre unos trapitos estaba la pequeña perrita muy parecida a la anterior, estaba en mejores condiciones que la anterior, sin embargo se veía débil y temblorosa, pero se mantenía sentada mientras temblaba, estaba sucia, olía mal, al tratar de trocarla gruñía, la verdad se veía fea, no le dije nada a mis padres.
Mi padre la llevó al veterinario, estaba en malas condiciones pero se salvaría si la cuidábamos, debíamos darle suero y mantenerla limpia. Desde ese día todos estuvimos dedicados a cuidar a la cachorra, no queríamos que muriera. Mi padre dedicó mucho tiempo a la perrita en las noches, mi madre creía mi papá se sentía culpable por lo de nuestro perro, nunca lo habíamos visto así, algo sobre la muerte del perro lo trajo un poco de nuevo tras años de ausencia en la televisión viendo fútbol.
El triste estado de la perrita me conmovía, siempre le dedicaba tiempo, siempre en el computador la tenía sentada en mis piernas entre un buzo de bebé que fue de mi hermana, me distraía, la consentía, me mordía, la cubría con las mangas del saco, era un cachorro débil e indefenso al cual salvamos para convertirse en un nuevo miembro de la familia.
- ¿Como le vamos a poner?- pregunto a mis padres -
- Dianita dijo que la nombráramos Lana, pero a mi me gusta Luna - dice mi madre -, pero no sé ustedes verán
- A mi me gusta Lana dice mi padre
- A mi también me gusta Lana, la mayoría de las perritas les ponen Luna.
Algunos meses nuestra vecina cristiana pregunto a mi padre sobre nuestro perro, ya que ella no lo había vuelto a ver, mi padre le contó que nunca supimos por que había muerto. Mi padre preguntó por la razón de aquella pregunta, contestando ella que hace algunos meses ella había visto como una camioneta había atropellado a nuestro perro frente a nuestra casa, pero no nos aviso. Siempre detestamos aquella señora, siempre nos dio la impresión que era de aquellas personas religiosas que profesan sobre hacer el bien pero nunca lo aplican, con lo de nuestro perro lo comprobamos.
Lana creció sana, su semblante cambio, es diferente a nuestro perro, es más seria, pero también se convirtió en nuestra alegría, especialmente la de mi padre, es ahora mi hermana menor con quien juego, con quien duermo.
Soy ahora quien yace enfermo, débil, sin amigos a quien poder contarles lo que me pasa, lo que siento... solo, con mi familia triste e impotente por mi estado. Lana es quien cuida de mi ahora, lo ha hecho todo este tiempo, aquellos fines de semana azotado por el cansancio ella estaba ahí mi cama, todos aquellos días decayendo saludando con alegría. Sé, ella estará ahí, hasta el último día de su vida.
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