Al día siguiente mi padre ha contactado con el neurólogo del hospital del Tunal, por intermediación de un amigo de un tío. Mi padre ha llevado las resonancias hasta el hospital, le han dicho que aunque no me pueden dar cita alguna, el neurólogo ha aceptado analizar las resonancias.
- Hospitalicen a este muchacho lo mas pronto posible -ha dicho el neurólogo-. No sé que es lo que tenga, pero la materia blanca esta muy inflamada.
- Hospitalicen a este muchacho lo mas pronto posible -ha dicho el neurólogo-. No sé que es lo que tenga, pero la materia blanca esta muy inflamada.
Es ya de noche, en casa mi padre con afán ha hablado con el conductor de la camioneta de la bodega que administra; escucho, el joven ha accedido a llevarnos al hospital de San José en una zona deprimida en el centro de la ciudad...
Estoy sentado perdido en la nada en el sofá del primer piso, observando la televisión sin entender nada. El timbre de casa suena, y yo imperturbable. Mi padre se dirige al garaje, escucho el sonido de la puerta principal de la casa. Mi padre entra de nuevo.
- Gorda, ya llego Eder. - grita mi padre, avisando a mi mamá -. Ya nos vamos con Juan para el hospital.
Apoyado sobre el hombro de mi padre, en medio de la lluvia que cae en el garaje camino como un anciano para llegar al auto; al llegar a la camioneta debo ir en los asientos traseros, para mi difícil es subir en este estado mi movilidad es limitada, mi padre me ayuda.
Camino al hospital, los faroles de la carrera 30 iluminan con su mortecina luz las lentas gotas de suave rocío que caen en la fría noche bogotana; llegando al hospital las calles vacías, melancólicas se van volviendo más lúgubres, habitantes de calle aparecen como fantasmas, acechantes sombras del olvido en el que lentamente mi mente se disuelve en la vacuidad...
El hospital es un edificio antiguo rodeado de rejas como una cárcel, frente a él, se alza una vacía plaza en medio del deprimido sector. Bajamos en medio de la niebla, la lluvia y la humedad de la noche buscando la entrada. Para mi es difícil moverme, es difícil estar allí, es difícil el frío, es difícil lidiar con la migraña, con mis manos temblorosas, con mi pierna derecha que ya casi no responde, no pienso en nada, ya no hay desespero solo dolor, frío.
Tras un indeterminado tiempo para mi, por fin encontramos la entrada, está cubierta por una lona verde y una cinta amarilla de "NO PASAR". El hospital está en remodelación, es muy antiguo. Y me voy.
Mi mente, mi conciencia vuelve, creo hemos entrado ya al hospital; lúgubres corredores de enormes bóvedas de pintura cuarteada, iluminadas por bombillas de 60 vatios parecieran extenderse infinitamente hasta una brumosa y laberíntica eternidad, donde en ambos lados aparecen, una y otra vez lóbregas puertas de madera antigua adornadas con macabros vitrales de ausentes colores.
Mi padre va preguntando por urgencias. Vagamos por corredores sin orden alguno. Mi mente va y viene, al volver solo hay corredores infinitos, puertas de madera, vitrales de grises colores que no entiendo. Estoy en un laberinto, un laberinto de paredes opacas corroídas por el tiempo, un laberinto eterno, el laberinto que es ahora mi mente...
Parece que hemos llegado al fin a algún lugar, mi padre me sienta en una larga butaca de cuero verde de imitación, donde sentados esperan una fila de fantasmales ancianos enfermos...y yo...también soy una de aquellas espectrales figuras que vagan en silencio en este limbo. Mi padre desaparece. Demora mucho, demora una eternidad...o quizás solo 10 minutos, no lo sé...
Mientras regresa tomo algo de fuerza, no quiero estar junto a los ancianos...tiemblo, pero camino lejos de aquella butaca, camino observando el óxido en las bisagras de las puertas, las paredes enmohecidas, las perillas cobrizas, los tubos oxidados, las viejas puertas de madera con vitrales espectrales, las baldosas desvencijadas por el tiempo, gracias al incesante paso de camillas y sillas de ruedas durante décadas. Escucho gotas de agua caer en la lejanía, el sonido de instrumentos metálicos que chocan, los quejidos distantes de los pacientes enfermos en aquella noche triste. De nuevo observo los lúgubres rostros de los ancianos que me preceden; el amargo sabor de mi blanca boca me recuerda que aún estoy con vida...
Tras esa larga espera por fin mi padre vuelve.
-Nos vamos de acá gordo, mas bien esperemos mañana, acá no nos pueden atender.
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Despierto. ¿Fue solo un sueño el recorrido por aquel hospital? ¿Fue real, o una pesadilla de mi mente enferma? Estoy en mi cama, confundido lleno de dolor, mi madre sube para arreglarme, no sabe que hacer, mi estado es terrible, estoy en los huesos, mientras me arregla me consiente, trato de ayudarle, pero mi ayuda no sirve. Mi madre se afana, sale del cuarto
- Mami, a mi me parece mejor que hospitalicemos a Juan de una vez.
Escucho a mi hermana, entre lapsos de vacío.
-Ay Dianita ¿Tú qué crees, de verdad lo llevamos?
- Si mami, a mi me parece Juan está muy mal, que tal que le pase algo estando acá en la casa, además que la cita de neurología se demora demasiado, no creo que mi papi la pueda sacar para hoy.
- A mi me da miedo. Cuídalo mientras sirvo el desayuno, después nos lo llevamos de urgencias...
- Bajen a desayunar que se enfría - mi madre llama -
Mi hermana baja las escaleras, hago mi mayor esfuerzo para bajar, pero estoy muy débil, me siento desvanecer en el último escalón...despierto rápidamente, me he desmayado, mi madre está en colapso total
- Ya no aguanto mas esta situación, Dianita baja los exámenes, nos lo llevamos YAAAAA para la clínica San Ignacio.
- Ya bajo los papeles mami.
- Te vamos a hospitalizar - dirigiéndose a mi -
- Llama un taxi Diana.- a mi hermana-
Simplemente no respondo no puedo hablar, quedo sentado en un sillón mientras esperamos el taxi, mi madre oscila entre la tristeza, la rabia y la desesperación...y yo...no comprendo lo que sucede.
- Mami, a mi me parece mejor que hospitalicemos a Juan de una vez.
Escucho a mi hermana, entre lapsos de vacío.
-Ay Dianita ¿Tú qué crees, de verdad lo llevamos?
- Si mami, a mi me parece Juan está muy mal, que tal que le pase algo estando acá en la casa, además que la cita de neurología se demora demasiado, no creo que mi papi la pueda sacar para hoy.
- A mi me da miedo. Cuídalo mientras sirvo el desayuno, después nos lo llevamos de urgencias...
- Bajen a desayunar que se enfría - mi madre llama -
Mi hermana baja las escaleras, hago mi mayor esfuerzo para bajar, pero estoy muy débil, me siento desvanecer en el último escalón...despierto rápidamente, me he desmayado, mi madre está en colapso total
- Ya no aguanto mas esta situación, Dianita baja los exámenes, nos lo llevamos YAAAAA para la clínica San Ignacio.
- Ya bajo los papeles mami.
- Te vamos a hospitalizar - dirigiéndose a mi -
- Llama un taxi Diana.- a mi hermana-
Simplemente no respondo no puedo hablar, quedo sentado en un sillón mientras esperamos el taxi, mi madre oscila entre la tristeza, la rabia y la desesperación...y yo...no comprendo lo que sucede.
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