sábado, 30 de julio de 2011

TOMO I







"Tuve maletas listas para huir
Por si mi sombra se volvía contra mi.
Desactive la bomba en mi interior
Tuve el indulto pero no el perdón.
Soy juez y parte de mi cicatriz,
Ella es mi historia y no el dardo contra mi.
Si tuviera hoy un plan mejor que el silencio.
Si tuviera fe algo mas que dormir de pie
Esperando... en el límite...
Guarda tus flores hoy no hay funeral"

Un plan mejor. Vetusta morla.

miércoles, 29 de junio de 2011

1-1

"Can´t you see it´s over
Because you´re the God of a shrinking universe"
                               Shrinking universe.Muse


Camina entre los bosques de un mundo lejano en una de aquellas realidades desconocidas para los hombres aquella sombra de la eternidad, eso que es el espíritu. Siente decaer las estrellas en la lejanía del universo que son sus sueños.
Algo pasa, aún no sabe que es, es un presentimiento lejano que lo incomoda, continúa caminado sereno viajando entre los verdes mundos. Se ha agachado para tomar en sus manos una pequeña polilla., observa en sus alas dos remolinos violeta iridiscente, lucen como ojos con la luz del aquella estrella roja en el cielo que es el sol de ese mundo, son ojos que acechan, UN MAL PRESAGIO!!!.
Algo esta mal, aquel lejano peligro ahora esta allí, observando esa realidad, la cual empieza a deformarse formando esferas cubiertas por trozos de la espectral realidad de ese sueño; todo aquel mundo se transforma en aquellas extrañas esferas cubiertas del azul del cielo, esferas cubiertas del lienzo de esa realidad, del bosque, del suelo, de la luz de la estrella, la realidad se dobla sobre si misma generando más y más esferas, que flotando se agrupan sobre aquel espíritu.
En el vacío que dejó esa realidad consumida por las esferas, se ha acumulado una enorme masa  de ellas, se siente una extraña energía. Una a una las esferas se lanzan en picada sobre él; el espíritu se enciende, enormes ramas de fuego brotan con furia de su espalda, flamean espirales de fuego que consumen las esferas, pero no hay remedio, tanto el suelo como el cielo de esa realidad continúan siendo devorados, aquel universo está siendo consumido, lo que antes era vida, ahora se transforma lentamente en vacío.


Los gorriones andinos cantan entre la niebla de la fría madrugada bogotana. Despierto de nuevo. Mi cuerpo pesa, estoy débil, muy agotado, he dormido desde las 6:30 de la tarde del día anterior, sin contar la siesta en un pequeño prado cerca al trabajo, ni la siesta en el baño del banco a la hora del descanso de la tarde para comer empanada. Me duele mucho la cabeza, anoche no cené, no ceno desde hace cerca de un mes, razón por la que he bajado mucho de peso.

Es otro monótono día, casi no he vuelto a viajar entre sueños, mi vida ha perdido toda emoción, es otro día de ir al trabajo, otro día sin sentido en esta moderna esclavitud. Han pasado ya algunos meses desde que ha empezado el terrible azote de las migrañas, este terrible dolor de cabeza ha terminado de convertir mi vida en un infierno de monotonía, dolor y estrés, el cual empezó hace siete meses desde que trabajo en un proyecto que ha consumido mi vida, mis sueños, mis deseos; gracias a esto, mi última pareja Alejo me terminó.

Deseo que algo suceda, algo que me libere del yugo de la monotonía, hay momentos donde deseo morir o dormir y jamás despertar. Al punto que ha llegado mi vida, la vida pareciera de haber dejado de tener sentido, todo se transformó en la ciudad, la oficina, la casa, la ciudad, la oficina, los rostros tristes de la gente resignada a la urbe...¿O serán sólo mi tristeza y mi frustración?.

Deseo inmensamente quedarme bajo las cobijas. Al fin logró reunir fuerzas, me levanto con desgano. Observo tras la ventana el gris de la mañana en el garaje de casa, mi familia vive en un hermoso barrio del sur de la ciudad, la casa es grande y amplia, con un gran garaje donde están mis plantas, yo duermo en la habitación del medio de las tres ubicadas en el segundo piso de la casa. 
Me dirijo al baño, en el espejo me veo extraño, casi se puede decir que no me reconozco, tomo una ducha. En mi cuarto luego de ducharme, me espera un traje de paño que está listo desde la noche anterior, me cuesta trabajo ponerme la ropa. El traje me incomoda, de traje no soy yo, nunca lo soy vistiendo de paño, añoro la libertad en las montañas, en los caminos, el barro, el polvo, el viento y el agua en mi rostro. Como cada mañana mi padre tiene el desayuno listo. Escucho los ruidos de mi padre antes de salir a su trabajo.

- Juan, ya dejé el desayuno servido en la mesa.

Bajo a la sala de casa, casi siempre me siento solo a desayunar por la hora a la que salgo a trabajar. Mientras tomo avena  repaso mentalmente alguno de los servicios dañados del proyecto, busco en mi memoria las líneas, los códigos de error, la respuesta al problema del día. Al salir de casa, siento que el aire de la ciudad se ha vuelto mas frío, mas pesado, mi cuerpo tiembla de una manera extraña, como nunca lo había hecho. Camino rápidamente hasta la estación de transmilenio mas próxima; por un momento me detengo en medio del puente peatonal a contemplar absorto las nubes de la mañana iluminadas tenuemente sobre las montañas de la ciudad en el fondo del paisaje.
Las esperas son eternas. Al fin llega el transporte, siempre lleno. El calor humano mitiga el frío de mi cuerpo hasta la última estación por la carrera 30. Cada día observo a cada persona en los buses, en sus rostros veo los reflejos de su miseria, su dolor, su aburrimiento. La resignación. Ahora, más que nunca todo ello está profundamente en mi. 
La música es mi escape hasta la estación de la calle 75, en este tiempo todos los días, viajo hasta allí para bajarme, tomar un taxi o un bus hasta las oficinas en la calle 100. Llego al trabajo, a mi pequeño cubículo, uno de los cuales nos dio el banco al parecer de mala gana a los consultores de la empresa.
Aunque no sea feliz allí, me encanta la vista de los cerros orientales de la ciudad, por donde solía caminar en mis épocas de libertad. Es extraño, cada día hasta los cerros se ven mas grises, la lluvia está siempre presente. Desde hace algún tiempo fui separado de los otros consultores por mis constantes molestias respiratorias, al ser aislado he mejorado, ya no estoy debajo del molesto aire acondicionado que congelaba mi cuerpo.
Lentamente ha pasado el día, cada minuto es doloroso para mi, la debilidad generalizada no me permite mantener la concentración, es aún peor con la constante migraña. No hay un solo minuto donde la migraña no me moleste. He ido al médico desde hace un par de meses, la primera con una leve revisión y unas cuantas preguntas, quien me atendió sin mayor revisión concluyó era estrés relacionado con el trabajo, se me formularon naproxenos; en mi segunda visita fui remitido al psiquiatría por la ansiedad que me produce este dolor, me recetaron calmantes, calmantes que hacen mis días y mis noches algo mas llevaderas a costa de estar bastante ido del mundo.
 
El dolor me está acabando hasta el punto de haberme hecho renunciar a mi trabajo, hoy es mi ultimo día en el banco. No ha bastado con el estrés de la oficina, ni con el generado por el cronograma imposible que planeó la empresa, solamente para poder quedarse con muchos de los proyectos de software del banco, como para tener que lidiar con los fines de semana en la oficina. Esto me ha llevado a descuidarme en todos los niveles, he dejado de preocuparme por mi por estar pensando solo en el trabajo, esto no es vida. No quiero esto para el resto de mi vida, espero que con la salida del proyecto del banco mi salud y mi ánimo mejoren.
 
Aunque renuncié, ya tengo otro trabajo al parecer mas sencillo, iré allí gracias a una amiga a quien hace algunos años con Pablo enseñamos con paciencia todo lo que sabíamos en aquel entonces, ahora ella está a nuestro nivel, se encuentra agradecida de por vida con nosotros, su vida cambió gracias a todo aquel conocimiento que compartimos siendo ella ya una mujer mayor con poca experiencia en desarrollo de software
- Juan, despierte -mi jefe mientras ríe al verme dormido sobre el teclado-
Levanto mi cabeza rápidamente, estoy desorientado, me siento avergonzado, nunca he sido perezoso.
- Que pena Richard,  usted sabe que ando mal
- Fresco todos estamos agotados, además usted se ha esforzado mucho.

El día termina, ya algunos consultores han renunciado días antes por motivos varios incluido el estrés y la baja paga considerando nuestras responsabilidades. Por estar en el núcleo del proyecto he respondido mas que por compromiso con la empresa o con el banco, por compromiso con mi jefe y con mi compañero William, quienes son excelentes personas con quienes hemos compartido los constantes acosos de los directivos del banco, aún sabiendo que la culpa de nuestros atrasos son por culpa de la pésima negociación que realizó la empresa para la que trabajamos, es tan del común que las empresas de software sacrifiquen  a los desarrolladores por quedarse con un cliente, la verdad no lo entiendo, por el afán y las presiones al final las aplicaciones quedan mal construidas. Siento un tímido gozo, un pequeño alivio al saber que hoy es mi ultimo día allí, no voy a extrañar al banco pero si la dinámica con Richard y William.
                                   
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Han sido ya varios meses en los que he venido decayendo; en los pequeños momentos en que he compartido con mis amigos han dicho que me ven mas torpe de lo común, que ando ojeroso, que mi aspecto produce lástima, espero con el nuevo trabajo pueda darme un respiro. Tengo un par de días libres entre la salida del banco y el inicio en mi nuevo trabajo.
En estos cortos días también he ido de nuevo al médico con los últimos exámenes de una infección en la garganta que tuve, tras la cual empezaron a salirme placas blancas en la boca, mis padres también están preocupados. En consulta médica he solicitado que se me tome una resonancia magnética junto a una cita en neurología, la cita me la han dado pero será hasta dentro de dos meses, no sé si pueda soportar tanto tiempo, a ratos pienso que la muerte sería la única solución a este terrible dolor, este dolor me hace desear morir para poder descansar al fin, el médico también me ha dicho que en los exámenes de garganta no aparece nada extraño.
Las demoras entre las citas con los médicos, junto con el desespero en busca de una solución, me han hecho ir con un homeópata, desde ya hace un mes voy los sábados a un pueblo cercano a la ciudad, para comentarle mi situación en busca de una esperanza, algunas veces la maga mi mejor amiga del viejo barrio de mi niñez me ha acompañado.  
Hoy camino por un hermoso barrio en la afueras del pueblo después de la consulta, la maga no ha venido conmigo el día de hoy, ella me haría reír en este oscuro momento. No sé que pensar estoy confundido. El hombre de edad, canoso, de profundos y misteriosos ojos azules después de mirar un extraño libro lleno de símbolos, analizar lo que he escrito, revisarme, comentarle como me siento  y expresarle que las pepas que me ha dado no me han servido, me ha dicho que no puede hacer nada por mi, que soy solamente el cascarón vacío de un ser humano. 
Ha pronosticado mi deceso para el día 10 de Octubre. Es extraño que un desconocido que nada sabe de tu vida pronostique tu muerte, pero así como estoy lo único  que puedo pensar es que tengo un tumor en el cerebro, me atemoriza. Un muchacho de mi grupo de amigos murió recientemente por esa razón tras dar una dura batalla a punta de quimioterapias.
No he reaccionado de la manera que debería frente al homeópata, realmente en este momento me encontraba algo desorientado emocionalmente, no entendía que pasaba. Caminando lentamente tampoco sé lo que me pasa, el tiempo se desvanece en mi mente. Lentamente los verdes del camino, la luz del sol se desvanecen de mi mente, están allí, pero no están. Ella esta allí...una tristeza muy profunda cae sobre mi mente, la melancolía lo es todo, pronto me iré de este mundo...Y no me importa.
                                      
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Mi nuevo trabajo no me ha gustado, las paredes estucadas de la recepción dan la impresión, que la edificación está en obra dándole un aire de soledad; las oficinas son oscuras, no hay cubículos, ni vista a los cerros, sólo una blanca pared, el calor disipado por los computadores, la gente apiñada en las pequeñas oficinas. 
Me siento peor al ir allí cada día, peor que en el banco, prefiero mi viejo cubículo con vista a los cerros al oscuro encierro en el que ahora trabajo; tampoco me agrada la gente, no tengo donde ir a dormir  a medio día, cada día de esta primera semana voy llegando más y más tarde, cada día me es más difícil dejar la cama. Mis manos ahora tiemblan de manera descontrolada, mi rodilla derecha duele mucho, casi no puedo coordinar mi pierna derecha para subir las escaleras, lucho por subir, no entiendo que me pasa.
- Juanito- saluda Lucía, mi amiga en la empresa -¿Cómo le ha ido?
- Ay, Luci, no sé que me pasa me siento mas mal, he estado enfermo desde que salí del otro trabajo. tengo unos dolores de cabeza tremendos.
-  Fresco Juanito, acá yo también mantengo con la cabeza adolorida, incluso hace poco llegué de incapacidad por migrañas, las migrañas no me estaban dejando trabajar.
- Sabes, no sé si pueda trabajar si sigo así. Me da vaina embarrarla, la tecnología con la que trabajan acá nunca la he manejado.
- No se preocupe Juanito usted es bueno, acuérdese que ud y Pablo solos sacaron el proyecto donde nos conocimos. 
-Sí, es verdad.
Sigo tratando de subir, pero Lucia se agacha como queriéndome contar un secreto
- Espere Juan- dice con la cabeza gacha en el escalón inferior-
- ¿Qué pasa Luci?
- Juan imagínese que por ahí hay rumores que dicen que ud está lóquito.- me dice en tono bajo-
- ¿Por qué habrían de decir eso?
- Hay Juan, es que usted está llegando muy tarde a trabajar, además está llegando todo desarreglado, y no habla con casi nadie
- Luci, no les pares bolas.
Aquel comentario de Luci no me inoportuna, simplemente sigo subiendo lentamente.

Tras aquel incidente me he aislado casi completamente, salgo a almorzar solo. Las placas en mi garganta han invadido mis encías como pequeñas motas de algodón, mi lengua se ha transformado en un colgandejo de lija, pero no me importa. Con cada día que pasa, las ideas, los sentimientos van desapareciendo lentamente, todo carece de interés e importancia para mi. Mi mente      se está desvaneciendo. 
Tengo que escribir algo en mi libreta de ideas y textos.
 
¿Por qué será que la vida perdió su color
y toda la gente se vuelve gris y tonta?
¿Será que la tecnología devoró  la fantasía?
¿Será que vivimos encerrados sin darnos cuenta?
¿Por qué la música ya no me lleva al cielo?
¿Por qué los días se transformaron en un simple deja vú,
sin risas, sin amor, sin corazón?

Solo quiero descansar.


1-2

A mediados de la segunda semana en mi nuevo trabajo me ha sido encargado un taller para aprender una tecnología antigua que ahora está en desuso, pero que esta empresa usa en todos sus aplicativos. El líder del grupo en el que estoy es menor que yo, asumo por sus maneras ha de ser homosexual, aún dentro de la empresa hay rumores de su orientación sexual.

No entiendo nada, no sé que me pasa, he pasado los días sentado frente al monitor con la mente en blanco, preguntándome ¿por qué no puedo entender nada? Por alguna extraña razón mi lógica se ha ido. He entregado el taller al final de la semana, el taller está lleno con tonterías carentes de lógica, aún pidiendo ayuda no entiendo nada. 

Estoy sentado en mi puesto, aislado, decepcionado de mi mismo, sin saber que me pasa. Me encuentro ido, ausente, observando un punto fijo en la nada que es mi mente ahora. .
- ¿QUÉ ES ESTO? ¡¿CÓMO ES POSIBLE ESTO? ¿CÓMO ES POSIBLE QUE UN INGENIERO CON MAS DE CINCO AÑOS DE EXPERIENCIA EN DESARROLLO ENTREGUE ESTÁ PORQUERÍA?! -grita en tono bastante agresivo el líder de mi grupo dirigiéndose a mi- ¡SI NO LE GUSTA SU TRABAJO, SI NO SABE, SI NO LE IMPORTA MAS BIEN SÁLGASE Y DEDÍQUESE A ENFERMERÍA!
Me siento tan mal, me duele la cabeza, tampoco tengo ánimos de defenderme. solo aguanto con la cabeza gacha, me siento terriblemente humillado, como nunca en todo mi tiempo de trabajo, pero contestarle tampoco importa, de alguna manera su enojo carece de sentido, creo debería sentir rabia, pero en vez de ello, nada importa. Fingiendo interés he pasado el resto del día pidiendo ayuda para ver si logro entender algo y entregar las correcciones al taller. No puedo hacerlo, mi lógica ha colapsado, mi mente ya no está ahí.

Camino a casa sintiendo la vida que se va, me hace falta emoción, me hace falta alguien, extraño a Jairo, hace días no hablo con Carlos ambos ex parejas mías. Observo el atardecer desde la ventana de mi transporte, deseo como hace mucho tiempo ser niño de nuevo. He llegado a casa, estoy demasiado ido, necesito una dosis de adrenalina, ahora me duele todo el cuerpo, pero es un dolor extraño como si se estuviera adormeciendo, pero es dolor. Al llegar a casa entro tambaleando.
-  Dianis, me acompañas al centro comercial?- le digo  a mi hermana-
- ¿Para qué?- me mira extrañada-
- Es que no siento nada, no sé que me pasa, quiero montarme en la barca pirata como cuando teníamos yo 15 y tú 13 ¿te acuerdas íbamos al parque de diversiones que colocaban en la 19 con 30?. Quiero volver a sentir emoción, siento como si me estuviera muriendo.
Mi hermana me observa preocupada, y asiente en acompañarme.
- Dame cinco minutos me coloco una chaqueta.
Mi padre escucha.
- Gordos esperen los acompaño, tú estás mal -dirigiéndose a mi- no quiero que les pase nada.

Los juegos mecánicos se encuentran vacíos, en el poco tiempo que lleva el centro comercial cerca a casa nunca hemos ido. Camino lento, siento mucho frío, quizás algo de ansiedad de recordar la emoción del vacío en mi cuerpo por la atracción mecánica. Mi hermana me espera.

El olor a palomitas de maíz se mezcla con el olor del aceite de las atracciones mecánicas, hay muchas luces, pero todas ellas han perdido el color, es extraño, los colores están ahí pero carecen de sentido, el ambiente es opresivo a pesar que no haya gente allí. Mi padre compra los boletos para la barca pirata mientras esperamos junto a la atracción, tiemblo no sé si de miedo o frío.

Sentado, ausente del mundo, espero el inicio de la atracción, tengo más miedo que antes cuando era adolescente, es algo extraño todo lo que sucede, un extraño olor mana de mi cuerpo, puedo oler mi propio miedo. El juego mecánico inicia, lentamente mi corazón late una vez mas con fuerza, con esa fuerza que este año se ha llevado de mi; cada bajada me devuelve un poco a la vida por un instante, siento un poco de alegría, una sombra de emoción que se disipa rápidamente de manera extraña, hasta que la atracción se detiene. Es el último turno de la noche, casi no hay gente así que el maquinista nos regala varias subidas y bajadas más. La atracción ha terminado, estoy algo agitado, la emoción me hace olvidar momentáneamente la migraña en el lado derecho de mi cabeza, la cual empieza a florecer de nuevo al salir del centro comercial de regreso a casa.

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Desde hace un par de meses sudaba mucho en las noches ahora es peor, el sudor helado consume mis noches, debo cambiarme de camiseta cada noche, en el baño ya no me reconozco, por montones el cabello se ha caído, solo quedan briznas de color rojizo, nada comparable al castaño oscuro original.
En la empresa se han dado cuenta que no puedo con el trabajo, rumores corren respecto a mi locura, escucho rumores sobre que me pasa algo, por esta razón me han asignado una tarea mas fácil con una chica que está embarazada, quien debe salir el viernes a licencia de maternidad, la idea es que sea su reemplazo.
En casa el instinto de mi madre le dice que algo no está bien, ha empezado a interrogarme sobre mi vida sexual, me pregunta si sé como es el SIDA, la verdad aunque he leído, la verdad no me parece que tuviera nada relacionado, sé que empieza con diarreas, brotes, pero que solo con el examen ELISA se pueden dar indicios de si uno tiene el virus. Hasta donde sé no tengo nada, cada seis meses me he estado haciendo la prueba, aunque desde que terminé con Jairo no lo he vuelto a hacer he tenido miedo de hacerlo, además he querido estar solo, contando que mi inexistente vida sexual gracias al trabajo.
- Mi amor, estas seguro que no tienes nada? -pregunta mi amdre-
- Ayyyy mammi no molestees mas, que no tengo naddda, es sssolo estreees, ademas desde haaace rattto que nada de nada con nadie.
-Pero mira como estás, yo ya estoy asustada.
- Ffresca mammi - le digo sin poder pronunciar bien-

Al inicio de todo esto también se me mandaron exámenes de tiroides, por la caída del cabello y la debilidad general para descartar hipotiroidismo, los resultados fueron 'negativos'. Después de mi penúltima relación seria quedé con dudas sobre Jairo, mas que todo por el desorden con él que llevaba su vida, estos dos años después de haberle terminado por su grave problema con el alcohol he estado juicioso, dedicándome a mi trabajo, dedicándome a trabajar, ahorrando para quizás comprar un apartamento, volver a salir del país e irme a vivir definitivamente fuera de casa de mis padres, quería al finalizar el proyecto realizarme la prueba. No basta con el estrés del trabajo,  ahora esto.

En el trabajo llevo tres días con mi compañera tratando de entender un cruce de datos, la verdad no puedo, no puedo.  He dejado de entender todos los conceptos básicos, no recuerdo las rutas donde ella me señala dejará los archivos, por mas que ella repite las instrucciones; tanto ella como yo estamos desesperados, soy consiente que no puedo programar, ni razonar bien.
Cada día me es más y más complicado movilizarme, subir o bajar por las escaleras es terrible, tengo pánico a caerme, cuando antes saltaba múltiples escalones, he mojado la cama dos veces esta semana.
Renunciaré de nuevo, no es el estrés, algo más está consumiendo mi ser. Cada día todo es mas extraño. En mi mente está aquella extraña fecha de mi deceso, la cual vuelve una y otra vez, sin generar emoción alguna, es sólo un número ¿Qué es un número?¿Qué son esos símbolos?¿Qué significan? Mi mente no funciona como debiera. Me retiraré a casa, enviaré mi carta de renuncia con mi padre.

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Nuevamente he renunciado a mi trabajo. Por presión de mi madre he accedido a  ir a onusida después de la toma de la resonancia magnética; debemos atravesar la ciudad en el carro de mi tía Ginet, para la toma de la resonancia. A mitad del trayecto siento ganas de orinar, trato de contener el líquido en mi vejiga, no deseo como algunas noches anteriores en mojar el carro de mi tía como he hecho con mi cama en noches anteriores. La dirección del laboratorio donde me tomarán la resonancia es algo confusa para mi, además necesito que lleguemos pronto para no mojar la tapicería del auto; estoy desesperado, las débiles señales de mi mente casi no pueden contener la vejiga, pequeñas gotas humedecen mi ropa interior.
Al fin hemos llegado, bajamos del auto con  mi tía, mi madre y mi hermana. El viento helado de la ciudad cala en mis huesos hasta lo profundo, mi tía estacionará el auto, mientras los demás entramos al edificio gris donde está el laboratorio..Mi madre nos deja a mi hermana y a mi en unas sillas mientras informa en recepción que estamos allí ya listos para la toma de la resonancia.
- Maaaaamii - temblorosamente con voz infantil, me dirijo a mi madre-
- ¿Qué pasó mi amor?
- Mi   i   iraaaa - señalando mi pantalón húmedo -
-  AAHHHHH, JUEPUTA, ¿Señorita, dónde hay un baño?
- En el pasillo a la derecha.- contesta la chica de recepción-
Mientras tiemblo mi madre me lleva hasta el baño, afortunadamente no ha sido todo el contenido de mi vejiga. Dentro del baño, me pregunto que me pasa, no puedo siquiera abrir bien la cremallera del pantalón, los temblores no me dejan, tampoco siento la fuerza necesaria para bajar la cremallera, con esfuerzo logro hacerlo.¿Qué me pasa? Descargo por completo mi vejiga. Allí parado me pierdo mirando el infinito, no sé cuanto tiempo ha pasado, soy consciente pero...una inmensa vacuidad crece en mi mente.
- Mi amor ¿qué te pasa? sal ya - dice  mi  madre tras la puerta del baño - 
Al salir siento a mi madre de mal genio, siento vergüenza por mi, por esta incomoda situación.
- Siéntese mas bien mientras vuelve la tía Ginet - dice mi madre de mal genio, su forma de expresar frustración-
Al llegar mi tía, soy conducido a un oscuro laboratorio; luces de neón alumbran fantasmagóricas placas de acetato de las resonancias cerebrales de múltiples pacientes, también hay allí algunos ordenadores procesando dichas imágenes ¿Son aquellas placas imágenes de las almas de aquellas personas?¿Es aquel gris la sombra de los sentimientos y las emociones de aquellos seres humanos?¿Son aquellos blanco y negro los rastros de las conciencias?¿Es este frío, el frío de la muerte que ronda? 
- Sigan - dice un enfermero - Por favor al muchacho a quitarse el saco.
Intento quitarme las múltiples chaquetas que me protegen del frío. NO PUEDO, tiemblo demasiado, me siento demasiado débil para poder levantar mis brazos, necesito ayuda para quitarme las chaquetas que llevo puestas, entre mi tía Ginet y mi madre me ayudan forcejeando.
Me ayudan a entrar en un extraño cuarto cuyo centro es un enorme tubo de metal, del cual sale una camilla.
- Sufre de claustrofobia o ansiedad- el operario de la máquina dirigiéndose a mi-
- N    ooo  ooo - contesto con la voz temblorosa -
- Recuéstese
Mi madre me presta ayuda para recostarme en la camilla que será introducida en el enorme tubo metálico que es el resonador. Observo recostado el techo mientras los motores bajo la camilla giran a las ordenes de algunos timbres de computador llevándome dentro del tubo. Siento frío, mucho más que afuera en la ciudad, tiemblo constantemente dentro del tubo, mientras empieza el procedimiento; los temblores son una mezcla extraña entre el frío y miles de pequeños espasmos musculares que recorren todo mi cuerpo. En la lejanía ecos de sonidos extraños inundan el metal, pitos, metal torciéndose, carrasperas, uñas haciendo chirriar el mármol, ruidos robóticos, todos sonando de manera aleatoria uno tras del otro, acercándose, alejándose, formando ecos monótonos, monstruosos, aterradores que resuenan dentro mi cabeza sin cesar. Cierro mis ojos, mi mente está vacía, no se forma ninguna imagen solo aquellos caóticos sonidos ¿Serán ellos los sonidos del otro mundo?¿Son ellos las voces que inundad el vacío de la eternidad?

Al salir del laboratorio escucho que los resultados estarán el día lunes, ahora debemos ir a almorzar, mi tía nos lleva a uno de los restaurantes favoritos de mi madre en un barrio de clase media cercano al nuestro, no sin antes ir a casa para cambiarme de ropa,

Estoy en mi cuarto, de pie observando la nada, sin comprender el mundo, sin comprender que soy, miro al infinito desorientado, temblando. Y por un momento que es eterno el tiempo se desvanece. Si es que el tiempo existe.
- Juan, ya te terminaste de cambiar - Grita mi madre -
Demoro en reaccionar. Vuelvo al mundo, trato de colocarme el pantalón, no puedo.
- Si               ya                    voy - digo con esfuerzo -
Miento, aún no puedo colocarme bien los zapatos. Con demasiado esfuerzo medianamente logro vestirme. Al bajar de nuevo con esfuerzo, mi madre me ayuda a colocarme dos chaquetas mas, pero no tiemblo de frío. Lo sé. Necesito ayuda para entrar al carro. Ahora tengo calor, son muchas prendas las que visto. 

Hemos llegado al asadero, todos han salido, por mi estado me he quedado esperando dentro del auto. No tengo ganas de comer aunque este débil, no me emociona el olor del pollo de asadero de barrio, aunque este lugar se ve algo más amable que muchos otros similares, mucho menos me agrada tener que esperar dentro del carro porque el asadero este lleno.

- Juan ven, ya desocuparon una mesa - mi tía Ginet mientras abre la puerta del carro -
Camino torpemente, el sonido de la tv me molesta, también el humo, el calor humano de las familias de clase media cuyo gran lujo es estar allí almorzando un día sábado. Tomo asiento torpemente en la cabecera de la mesa, allí me descuelgo colocando mi frente sobre la sucia mesa, de la cual sale espantada una mosca que olisqueaba sobras junto al pequeño recipiente rojo del ají en medio de la mesa.
- ¿Quieres algo Juanchito? - pregunta mi tía, mientras mi madre mira la carta buscando las mojarras -
- Si                 unnnaa gassseosa    tttengo sed
- Mira la carta a ver que vas a pedir.- dice mi tía -
Nada de lo que hay allí me llama la atención busco algo que no lastime mis encías, ni mi garganta, busco una sopa, al fin veo algo. Hago señas para que mi tía se de cuenta, no puedo hablar bien.
- Mesero un mondongo por favor- mi tía dirigiéndose al mesero -.
Una larga espera transcurre en medio del sofoco, hasta que llega mi sopa junto con el resto de los platos. La sopa no sabe a nada, está muy espesa, muy cargada de las vísceras de res, está demasiado caliente. A regañadientes tomo algunas cucharadas de aquel brebaje que ahora para mi luce extraño, viscoso demasiado café, prefiero jugar torpemente con la gaseosa.
- Come mi amor, come que si uno come se alienta, enfermo que come no muere - dice mi madre-.
- Ole Mari - mi tía dirigiéndose a mi madre - no ve que casi no puede ni agarrar la cuchara, además mire como tiene las encías.
Mi madre continua hasta terminar su mojarra, mi tía y sus hijos también terminan sus respectivas piezas de carne mientras aún lucho con mis manos temblorosas tratando de llevar a mi boca algunos trozos de aquel espeso caldo.
- Noo       ooo     oo puuueeedooo más
- Trata de tomarte algo mas de la sopa - mi madre -
- Noo, nooooo quii     ieeee      rrooooo
- Muestre a ver me tomo esa sopa, que pecao dejar esa sopa ahí. Ginetcita alísteme unos huesitos y esa carnecita para la perrita.

El domingo ha sido un solo lapso de memoria, en la noche han ido a visitarme mis tías paternas, junto con un primo quien es médico, solo mi primo entra a mi cuarto a revisarme. Según el criterio de mi primo no tengo nada, no les dice nada a mis padres después de revisar mi garganta. Mis tías están preocupadas, especialmente una de ellas quien es mi madrina de bautismo. Es preferible que no vean el estado en el que me encuentro, nadie quiere dramas.
Curiosamente aún sabiendo que ando algo mal, ninguno de mis amigos me ha llamado para saber como estoy, la Maga ha sido de los pocos, junto con David un gran amigo de la universidad quien esta en USA, David ha estado pendiente, está preocupado por mi estado; aún en la lejanía, mi sola voz demuestra mi estado, la última vez que estuvo en el país me vio decaído, cabizbajo, sin alegría . A la Maga le cuesta trabajo llamar  a mi casa, siempre llama desde su trabajo en un call center de una aseguradora, estas llamadas le pueden costar su puesto, a estas alturas cuando ha ido a visitarme me saluda

-Hola mi abuelito flaco -mientras me abraza

Eduardo quien considero mi mejor amigo, hermano mayor de la Maga, casi no me llama desde que se encuentra viviendo solo, dados los constantes problemas con su madre.  Soy quien generalmente llama, soy quien se interesa por él, él sufre episodios depresivos. De boca de él sé que no gasta un minuto a otro operador de celular, ni aun considerándome su mejor amigo, lo entiendo también su situación laboral es precaria al ser profesor del distrito. En este momento de su vida se encuentra sufriendo por Daniela una mujer menor que él, es una relación casi imposible. Las depresiones por ella consumen sus pensamientos, sus sentimientos, su vida. Con los años ha ido quedando solo, no solo por las depresiones sino por su falta de tolerancia hacia los amigos y hacia su familia. Muchas personas me dicen que por que soy su amigo, que él o está deprimido o de mal genio, siempre salgo en su defensa diciendo que hay que tenerle paciencia.
Muchos de mis amigos están fuera del país, los que están en el país están fuera de la ciudad realizando proyectos en diferentes departamentos. Carlos, mi primer pareja, mi primer amor con quien he llevado una buena amistad a lo largo de los años desde que viajó a USA también se ha distanciado, quizás por que siempre que hablamos hablo de mis constantes malestares, de lo mal que me siento, y de lo desilusionado que estoy de la vida,  sin darle oportunidad para hablar de sus cosas. El mundo laboral, el estrés me ha llenado de amargura y cinismo.

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Han pasado un par de días, el desespero constante de mi madre la ha llevado a llamar a ONUSIDA en horas de la mañana para la toma de la prueba de ELISA, un asesor ha hablado con ella.
Siento frío al bajar del taxi, estamos en frente a un pequeño parque del barrio Teusaquillo, uno de aquellos parques que la administración distrital uniformizó, dejando la ciudad  llena de parques de barrio idénticos.
Mi aún cálido aliento forma vapor al contacto con el gélido aire de la mañana, mientras mi hermana busca la dirección en la esquina de la cuadra opuesta de donde nos dejo el taxi, Dianis, hace señas a mi madre para que caminemos hacia ella. El edificio esta en obra, mi madre y mi hermana dudan de si en realidad son las oficinas correctas, mi hermana decide entrar.  Demora un poco en volver.
-Mami si son las oficinas.
-Ven mi amor - Mi madre trata de hacerme caminar -
En la recepción de ONUSIDA se puede ver que todas las oficinas están también en obra, hay mucho polvo, me molesta

- Buenos días ¿En qué les puedo ayudar? - una  joven recepcionista -

Mi madre le explica nuestra situación

- Permítame un momento, voy a buscar a los asesores para que los ayuden

El interior del pequeño edificio, es el de una vieja casa de Teusaquillo, una casa antigua de los tiempos dorados de Bogotá, con pisos de madera, escaleras en espiral y barandas de madera. La joven deja la recepción para buscar a los asesores, tras demorar un rato vuelve con un joven de estatura mediana, algo fornido, quien habla con mi madre no entiendo lo que hablan, mi madre luce afanada. Tras una corta charla con mi madre, el joven nos guía a una oficina donde están arrumados muchos escritorios viejos y sillas giratorias de las oficinas que están siendo remodeladas.  En medio de la oscura oficina nos espera otro joven sentado en un escritorio, rodeado de unas cuantos viejos sillones de madera, al parecer herencia de los antiguos dueños de la casa. 

- Siga señora tome asiento - dice el joven que nos acompañaba -. 

El joven que se encontraba sentado se levanta dirigiéndose fuera de la oficina. Al ir saliendo, refiriéndose a mi hermana nos dice:

- Ustedes por favor vengan conmigo, nosotros vamos a hablar en otra sala; mi compañero va a hablar con la señora.
El joven nos lleva hacia una sala adyacente a la recepción.
- Bueno en primer lugar mi nombre es Ricardo, el nombre de mi compañero es Óscar, nosotros llevamos un par de años trabajando con ONUSIDA en la parte de asesoría. ¿Cuáles son sus nombres?
- Yo soy Diana-contesta mi hermana- y mi hermano se llama Juan. A él ahora le cuesta trabajo hablar, lleva una semana así, pero ya venía sintiéndose mal, estaba durmiendo demasiado, fines de semana enteros sin levantarse de cama, con un agotamiento constante, tampoco ha estado comiendo bien.
- Bueno en primer lugar quiero que sepan que después la charla que les voy dar, podrán seguir a la toma de la muestra de sangre para Juan. 
Ricardo continúa  con su explicación, algo de entendimiento tengo aún, pero pierdo el hilo fácilmente, estoy que no puedo, siento desespero de mi situación, la poca conciencia que me queda lucha por mantenerse en el ahora que por poner atención. 
- Si la prueba llega a salir positiva, hay medicación -dirigiéndose a nosotros-, tú podrás vivir una vida normal - dirigiéndose a mi -
Pierdo el hilo de lo que dice, no puedo poner atención, mi conciencia se hunde en lo profundo, en la ausencia de tiempo.

Tras las respectivas reuniones nuestros anfitriones nos reúnen de nuevo con nuestra madre, para pasar a la toma de sangre. Mi madre luce mas calmada. La toma de la muestra de sangre demora poco, los resultados estarán en el transcurso de la semana.

1-3

Mi padre ha ido por los resultados de la resonancia magnética, para nosotros es extraña, se ven espacios donde debería haber gris o blanco, los comentarios no hablan sobre tumor o aneurisma alguno, pero si de una posible infección viral o leucopatía. Debemos conseguir pronto cita con un neurólogo, pero mi aseguradora de salud nos ha dado la cita para dentro de dos meses.
Casi a a diario mis padres llaman a la aseguradora en un inútil esfuerzo de conseguir un neurólogo, además no hay dinero para pagar uno privado, cada día me encuentro peor. He perdido mucho del control de la orina,  paso los días durmiendo, al despertar sé que existo, no sé nada más; si intento ir por la casa, no puedo bajar las escaleras, tampoco puedo hablar bien, prácticamente estoy mudo, tengo tanto miedo como imagino debe tener mi abuelita quien sufre de demencia senil, no reconozco bien a las personas, no puedo comer bien, la comida me fastidia, me raspa la lengua, maltrata mis encías y garganta, solo tomo agua, no tengo diarrea, por el contrario estoy estreñido, no hay voluntad de realizar ninguna actividad...Simplemente nada importa.
Han pasado un par de días desde la toma de la prueba, las constantes llamadas a onusida por mis resultados han dado fruto, los resultados de la prueba han salido. Mi hermana y mi madre van por ellos, mientras duermo en casa.
-  Juan despierta - mi madre - tenemos que hablar.
- uhmmmmmm- con la mirada perdida mientras tomo conciencia, trato de incorporarme-qqqque passsa?
- ¡LA PUTA PRUEBA SALIÓ POSITIVA! - mi madre de mal genio -, pero tienen que confirmarla.
-DIMEEEE ¿CON QUIÉN TE ACOSTASTE?¿CON QUIÉN NO TE CUIDASTE?¿CUÁNTAS VECES TE DIJE QUE TE CUIDARÁS?cuántas veces te dije que pensaras en mi antes de hacer locuras? - ya con lágrimas -¿CUÁNTAS?¿CUÁNTAS?¿CUÁNTAS?¿CUÁNTAS?
El dolor de mi madre no me importa, sé que debería pero no lo hace, estoy ido.
-Tu sabes...que fue...con Jairo...naaadiiiie mas...
-Borracho hijueputa, ´peré y verá que lo voy a vaciar,  por mi le meto un tiro, TENGO TANTA RRRRRRRRABIA
Regreso a la profundidad...sé mi madre se afana.
-Mira no mas como estás- dice con tristeza mi madre al verme -
Estoy ausente...
- Dame el teléfono de Jairo - dice mi madre enfurecida - YYYYAAAA, es que lo voy  a putear, borracho hijueputa, es que lo que es que le voy a meter un tiro.
Mi madre esculca mi chaqueta en busca de mi teléfono celular, lo encuentra revisa los nombres en busca del número, sé que aún tengo su número. Todo me es indiferente.
- Uhmmmm Jairo, Jairo, es *** ********-dice mi madre-
Aún después de un par de años todavía tengo los números de teléfono tanto de celular como de su casa. Mi madre sale de mi cuarto en medio de su histeria...no me importa, de  nuevo quedo ausente.
Siento de nuevo la pesadez de mi cuerpo, solo quiero seguir durmiendo; escucho a mi madre tratando de llamar infructuosamente a Jairo. 
Mientras trato de dormir con la poca conciencia trato de recordar, pienso de verdad con quien mas pude haberme infectado. Siempre me cuidé, no he sido un santo, pero tampoco una puta, mi madre siempre me recalco que me cuidara, siempre fui muy consciente al punto de la paranoia, ella no tenía nada que decirme, crecí con la epidemia del sida y sus devastadoras consecuencias, crecí con el miedo latente al sexo que infundió el vih en toda la humanidad; mas aún al saberme homosexual desde mi temprana adolescencia, entendí que debía cuidarme...Haber visto 'Filadelfia' a mis 15 años puso la cereza en el pastel. Además sé soy uno de los pilares de la familia, mi madre hace mucho dejó su trabajo como informal en la calle vendiendo artesanías y el sueldo que mi padre devenga se le va en los intereses de varias tarjetas de crédito; este sentido de responsabilidad con mi familia me ha hecho preocuparme mas por mi familia que por mi propia vida. Ahora no tengo nada que decirle al chico de 15 años asustado del sida, las enfermedades no discriminan a nadie. 
Me frustra todo esto, al terminar este año quería irme de casa, mis padres parecen tristes, inundados quizás de amargura...la música que colocan inunda la casa con un eco de desconsuelo, en esos momentos huyo encerrándome a escuchar mi música, comportándome como un antisocial dentro mi propio hogar. Pareciera que quisieran llevarme con ellos e inundándome de sus tristezas y frustraciones, aunque ahora entiendo completamente las frustraciones de la adultez. 

En cama pienso que en términos de salud sexual, hasta este momento todo había salido bien, El nombre de Jairo, trae tantos recuerdos a mi memoria...


Después de regresar al país, habiendo trabajado en centro américa por unos cuantos meses he vuelto al país sintiéndome en la cima del mundo, con dinero, mas amigos, mi propia liberación sexual, alejándome del pasado que en Bogotá me nublaba, dejando definitivamente el complejo de feo que me había hecho demorar mi aceptación total como homosexual, por fin puedo estar tranquilo de nuevo en la ciudad, el dolor de aquella relación que tanto me dañó, ha disminuido mucho. En estos días sólo quiero divertirme, estoy sin trabajo, pero joven y seguro de mi mismo, sintiéndome guapo; no quiero conocer aún a nadie, porque aunque lejana aun está en mi la sombra de Toño.
Ha sido una noche de tragos con Samuel, en un famoso bar vía a la calera, nuestro bar favorito, siempre salimos muy tomados de allí. Al bajar de nuevo a la ciudad, Samuel, me ha dejado en la carrera 11 con 69, ahora  espero mi transporte, son las 3 am. 
Mis instintos bullen bajo efecto del alcohol, toman con desenfreno el control de mi cuerpo, reviso si tengo dinero. Cerca a donde espero mi transporte, existe un lugar, un lugar prohibido, un lugar para desinhibirse y descansar, un baño turco que atiende clientela masculina las 24 horas.
El alcohol se ha llevado mis prevenciones. 
Camino en la helada madrugada temblando de frío, miedo y emoción. Me ha pasado lo mismo las veces que he ido anteriormente...me gusta esta emoción, lo prohibido este pequeño lujo que hace mucho no me daba.
El lugar es una antigua casa chapineruna bordeada por una reja, tras la cual hay algunas plantas de chusque sembradas en unos enormes materos de barro; a un lado y frente al enorme arco de madera que es la puerta, un celador  cubierto en bufandas descansa en una silla. Me dirijo a la vieja puerta de madera. Toco el timbre. El celador que descansaba, surge de entre las sombras para abrir la puerta, la cual se encontraba entreabierta.
- ¿En cuánto está el cover? - pregunto al celador -
- A 18 mil - contesta mientras abre la enorme puerta de madera.

Al entrar, inunda mi ser el dulce olor de las hojas de eucalipto, el aromático olor del vapor de agua mezclado con hierbas medicinales, me gusta este olor, me gusta la madera vieja, los muebles de la barra. En la recepción dos jóvenes atienden, al pagar uno de ellos me entrega una pequeña toalla junto con la llave para el casillero donde guardaré mi ropa.

Tras un rato en el lugar me siento tranquilo, andar desnudo, solo con la toalla paseando por el segundo piso de la casa me hace sentir libre. Antes pensaba que estos sitios eran sucios, que sólo venían hombres viejos o personas adictas al sexo, de alguna manera los asociaba a la prostitución, a la promiscuidad.
La primera vez que conocí un sitio como este me sentí muy mal, lo hice por dolor,  por un tonto deseo de venganza contra Toño, sentí estaba cayendo en mis instintos, que estando allí todo se convertiría en una espiral de sexo sin sentido, no fue así. 
Importa poco ahora, mas que adictos  al sexo vienen hombres comunes a quienes agobian la soledad de nuestra época, la falta de una pareja estable con quien compartir... Afortunadamente siempre he dado con hombres similares a mi, con quienes además del sexo, he podido  compartir un momento de charla. Ahora no juzgo a nadie, aunque no me gusta contar que conozco algunos lugares como este, ni que en algún momento de mi vida los frecuenté, muchos hombres tienen el mismo prejuicio que antes tenía. Estos sitios son a los gays lo que los prostíbulos a los heterosexuales, al final de cuentas todo el mundo folla, todo el mundo tiene deseo, y establecer una relación puede ser complicado; no sé si triste o afortunadamente existen lugares como estos para los que estamos solteros.
La madera del piso cruje con cada paso de mis sandalias. Observó todo el lugar, me siento en los años 40. Veo a un viejo conocido, quien juraba que era un santo, que jamás vendría a un lugar como este, al verme baja su cabeza huyendo de mi mirada, río para mis adentros; quizás entiendo un poco porque hay quienes denigran de estos sitios e irónicamente uno los encuentra aquí, alguna vez tuve los mismos prejuicios.
La primera vez que vine, tuve la impresión  que el naranja encendido de las resistencias que dan calor al sauna entre la tenue penumbra parecía  el color que podrían tener las  brazas del infierno; ahora sólo estoy de nuevo aquí, disfrutando tranquilo de su calor, sin temor al  lo que pueda encontrar.
Me falta visitar los cuartos de los baños turcos, casi no hay hombres el día de hoy, descansaré en los turcos mientras el alcohol se va de mi cabeza. El vapor reina entre las sombras, una tenue luz ilumina los vaporosos torsos de los pocos hombres que estamos allí, estoy tranquilo.
Recostado boca abajo en uno de los mesones laterales del baño turco yace alguien, alguien que mas de una vez me ha mirado descaradamente, furtivamente, levemente, fijamente, sonriéndome al encontrarnos en medio de las rumbas, alguien que ha estado en mis sueños, ese alguien ahora yace allí dormido entre vapor, en la oscuridad, como niebla en un sueño que hace mucho olvidé.
Me siento a su lado, no lo nota, lo observo no con deseo, sino con algo mas, algo mas profundo, algo que hace mucho no sentía, ese algo que sentí cada vez que me perdí en los verdes ojos de este extraño en medio de salones llenos de música, gente y alcohol, esos ojos verdes que hacían que el tiempo se detuviera. Con mi mano derecha suavemente toco su cabello, empiezo a juguetear con las ondas doradas de su cabello.
Después de un rato el extraño despierta, me observa, se recuesta sobre mis piernas, allí observo de nuevo ese par de esmeraldas que alumbraban mis sueños desde el primer día que brillaron para mi. Mi mano solo sigue jugueteando, mientras nos observamos. El extraño se levanta, se va sin decirme nada. ¡Esta noche no lo voy a dejar así de fácil!  Lo dejo irse pero estaré pendiente de él.
Después de dar algunas vueltas por el lugar nos encontramos de frente como aquella vez en  Lotus donde casi nos estrellamos por estar perdidos observándonos. 
Sé, los dos hemos estado a la expectativa.
- ¿Con que me está siguiendo?- el extraño -
-¿ Creíste que te dejaría ir?
- ¿Por que no me quiere dejar ir?- sonríe el extraño mirándome a los ojos -
-  Ya nos habíamos visto antes fuera de aquí, y me dí cuenta como me mirabas.
- ¿Y cómo lo miraba?- sonriendo picaramente-
- Como si te gustará
- A sí.
- SÍ
Deja de mirarme, y sigue su camino queriendo voltear a  verme nuevamente.
Tras un rato en los diferentes ambientes, me estoy duchando, estoy desnudo, el extraño aparece en la ducha del lado, lleva su ropa interior puesta, nos observamos, ninguno se atreve a nada. Ambos salimos de la ducha al tiempo, siempre observándonos; el agua rueda suave entre la multitud de vellos de su pecho, me observa mientras levanto mi cabeza para que el agua helada se lleve los rastros de alcohol. Los dos siempre buscando nuestras miradas salimos de la ducha en direcciones opuestas, pero  encontradas, caminando uno hacia el otro en el ineludible encuentro de nuestras labios.
Tras un rato vuelvo a los baños turcos, allí en medio del vapor aquel extraño yace acostado boca abajo descansando. Me siento al lado de su cabeza, en medio de las opacas sombras observo los rizos de sus dorados cabellos, sobre los que brillan tenues las pequeñas gotas de agua, mi mano derecha toma uno de sus rizos, suavemente jugueteo con su cabello. Él levanta su mirada, y me sonríe.  Allí a su lado, jugueteando con su cabello el tiempo no existe. De un momento a otro, mientras sonríe sin quitarme la mirada, el extraño posa su cabeza sobre mis piernas, una sonrisa que termina en un beso.

- ¿Cómo te llamas?
- "Estiven"- responde mientras observo  el verde brillo de sus ojos en la penumbra -
- Mucho gusto, Juan
- Me podrías cuidar esta noche, estoy todavía muy tomado, estaba bebiendo con unas amigas.
- Claro, pero ¿Dónde nos recostamos? aquí no hay donde, todos los cuartos están ocupados
- En el segundo piso hay un sofá de cuero donde podríamos recostarnos un rato.
- Listo, pero quedémonos otro rato así.
Descanso mi espalda sobre la pared mientras Estiven descansa su cabeza sobre mis piernas.
- Ven vámonos, ya estoy muy acalorado - aunque me encanta tenerlo recostado en mis piernas -
Estiven se levanta algo desorientado.
- Vamos que yo te cuido
- Uy si, por ahí había un viejo verde que me echo el ojo, pero no me vayas a hacer nada - coquetamente me sonríe-, no se vaya a aprovechar de mi por que estoy borrachito.
Algunos hombres nos miran con recelo, solo seguimos hacia el sofá del segundo piso, donde descansaremos. Abrazados en la incomodidad quedamos dormidos.
La luz del día nos acompaña mientras nos vestimos, nuevamente nos observamos al colocarnos la ropa, detallo a Estiven, es mas guapo de lo que había detallado, se da cuenta que lo observo,  sonríe mientras me observa colocarme el jean.
- Oye no te vayas a perder pásame tu número de celular
- Es...- Estiven -
- Espera que tengo el teléfono en la chaqueta
Después de un breve instante donde no encuentro el teléfono.
-Listo ¿Cómo es tu número?

'Estiven' fue quien primero llamó, confesándome que le había gustado mucho aquella noche en el vapor; jamás pensé que un hombre como él diera el primer paso conmigo, siempre había tenido decepciones con  hombres como él, el orgullo de su belleza los ciega. No lo tomé a bien, estaba muy prevenido por todo lo vivido antes de conocerlo, estaban los rastros de mis inseguridades, forjadas tras años de chats frustrados, citas con hombres locos e inestables, la evidente discriminación por vivir al sur de la ciudad, y mis propios traumas. Tras una semana de estar hablando de forma continua por teléfono salimos a bailar, fue una noche espectacular, mis padres no estaban aquel domingo, así que por primera vez hicimos el amor.
La química entre los dos era maravillosa, tras hablar mucho por teléfono confesó que su nombre no era Estiven sino Jairo. Empezamos a salir a beber juntos, a rumbear en los lugares gay de la primera de mayo, a reírnos de la vida gay, de la vida hetero, en general de la gente, hasta que un fin de semana decidió llevarme a su casa confesándome que no vivía en Kenedy sino en Bosa, no me sentí cómodo con esa confesión por que simplemente me llevo sin decirme nada, me llevo por entre las casas humildes, me llevo algo temeroso, esperando la reacción que generalmente tenían los hombres con él , al confesar su lugar de vivienda. Recordé que alguna vez también viví en un barrio así, donde las casas son construidas sin planos, pintadas con pintura barata, casas donde las viejas paredes mal estucadas caen a pedazos y el ambientador es el olor de cera roja barata mezclado con las esporas de los hongos que crecen en la humedad que se filtra entre las grietas de la construcción. Me sentí incómodo, siempre quise que mis parejas fueran muchachos con carrera universitaria, y Jairo, bueno él tenía un trabajo humilde como impulsador para una marca de alimentos, también deseaba que mi pareja viviera en un mejor sector de la ciudad. Ahora me hallaba allí, con Jairo al borde marginal de la ciudad sonriéndole a la vida.
Jairo no tenía cuarto propio, vivía en la sala del segundo piso de su casa, una de esas clásicas salas de familia bogotana humilde cuyo piso de cemento con mineral rojo brilla con el olor de cera barata de cojín, su cama estaba bajo la escalera que iba del segundo al tercer piso, su cama era de tubo con una vieja colchoneta llena de irregularidades que nos tallaban, que nos hacían reír cada vez que hacíamos el amor.
Un día al  salir del baño sin camiseta mi madre no aguanto las ganas.
-  Juan ¿eso que tienes en la espalda son mordizcos?
Me rei mucho.
-¿Estas saliendo con alguien verdad?
- Si mamí, en estos días se los voy a presentar
- Ojala que no sea como a mugre esa del Toño
- Sip, no es para  nada como él, me encanta me hace reir mucho vive en Bosa.
Mi madre mostró descontento. Yo no conocía Bosa, tenía muchos prejuicios sobre el sector en aquel mes junto a Jairo me dí cuenta que en Bosa vive mucha gente común, me aterró la cantidad de personas que salen de paño, con carnets de bancos y empresas importantes, mujeres muy bien arregladas esperaban tomar el transmilenio en las mañanas. Me sentí mal al darme cuenta de mis propios prejuicios, de cuan poco conozco la ciudad y su gente.
-  Ay,ojala no sea un malandro, mi amor tienes que cuidárteme mucho, si te llegará a pasar algo me enloquezco
- Noooo mamí, ya llevamos saliendo casi un mes el trabaja, hasta he ido con él a su trabajo. El hombre es bien echado pa´lante.  Es solo mala fama la que tiene Bosa, aunque donde vive Jairo aun no han pavimentado.
- Ojala mi amor, tú sabes que si tu estás triste yo también lo estoy

Con Jairo nos volvimos inseparables, día tras día nos dejábamos mensajes, cada día nos llamábamos, salíamos a rumbear, tanto mis padres como su madre y su hermana nos aceptaron. Ambos veníamos de malas relaciones, yo venía de Toño quien me dejo mal por casi tres años, el destruyó los incipientes retoños de autoestima que estaban creciendo tras de mi salida del clóset, tiempo después me dí cuenta que no valía la pena, sin embargo aquella tristeza me dio el impulso para mejorar mi vida, pero la herida tardó muchos años en sanar. Jairo venía de las manos de un alcohólico con quien había estado viviendo, luego paso a las manos de un hombre posesivo y celoso a quien cuando Jairo le terminó, empezó perseguirlo con un cuchillo amenazándolo para que volviera con él, hasta que Jairo puso una caución; ambos terminamos detestando a nuestros respectivos ex.

Nuestra conquista mutua la llevamos a cabo semana a semana bailando hasta la madrugada en los sitios de rumba gay de la primera de mayo, compartiendo, durmiendo juntos en nuestros respectivos hogares en las tardes de los fines de semana, una que otra vez alguno de los dos llevaba ropa para quedarse un día entre semana en la casa del otro.

Una tarde de sábado en una pequeña frutería de Bosa.

- Jairo, sabes... quiero decirte algo, con todo lo que ha estado pasando entre los dos... ¿Nos cuadramos?
- Siiiiiiiiiiiiiiiiii - me dijo Jairo -
- Mira yo sé que todo el mundo folla con todo el mundo, quiero que ante todo seamos libres.
- Gordis, te juro que no voy a estar con nadie mas que tú.
- No tienes que prometerme nada, fresco, lo que si te pido es que por favor si vas a estar con alguien mas por favor cuídate
- ¡Chiiiii gordis!

Afianzándonos como pareja, en una de nuestras salidas Jairo espero que yo  tomara un par de tragos. Recuerdo estaba en una de las barras del segundo piso de Theatron, Jairo había ido al baño. Lo esperaba con un trago en la barra, lo esperaba con un beso.
De entre los corredores salió él, precioso como siempre, iba de jean, con su camisa azul a cuadros ceñida al cuerpo, con los botones cercanos al cuello desabrochados dejando ver parte de su viril torso velludo. Sonreía, sus ojos verdes brillaban, no había duda los dos estábamos enamorados.
Se acercó a la barra, nos besamos, tomó un poco del trago que le guardaba.

- Jairo, yo a usted lo quiero mucho, creo que me estoy enamorando.

Sonreía con malicia

-  Gordis, y si te dijera que tengo un secreto...
-  ¿Qué clase de secreto?
-  Uno tenaz
-  ¿Qúe tan tenaz?
-  Uno que me da miedo contarte
-  ¿Miedo de?
-  Que ya no me quieras
- ¿Por qué habría de dejar de quererte?

Clavo sus profundos ojos verdes en los míos

- ¿Recuerdas a Ángel? Lo que te conté de él.
- Sí, sí lo recuerdo, que trabajó como prostituto. Su hermana también y está en España, jejje la barbiechona.

Por la forma en la que lo dijo intuí hacia donde iba todo el asunto.

-  Pues nos conocimos en el trabajo.
-  Ya vino a hablar mierda güevón ¿En este trabajo?
-  Es en serio, en el de puto.
-  Mira Jairo, tengo ya tiempo de conocerte, sé que tomas mucho del pelo, y pues no me gusta que juegues con esas maricadas.

Él me miraba serio

-  Es verdad, no te digo mentiras ¿Para qué me pondría yo a jugar con algo como eso?
-  Marica, en serio
-  Sí, es en serio

La gravidez de su voz, el brillo en sus ojos me dijeron que era verdad. No lo podía creer, aunque él es de ese tipo de belleza que muchos desean poseer efímeramente pero no descubrir, comprender. Un rostro, un cuerpo bello mas, un momento vacío de placer sin una historia de vida, solo un objeto. La tristeza me invadió, el sentir que la persona que ahora amaba había sido usada como un objeto, que el mismo lo consintió por las dificultades en su vida.

-  No, marica usted me esta jodiendo la puta vida, póngase serio malparido.
-  Es en serio - ni una sonrisa, ni un rastro que estuviese mintiendo -

Las lágrimas encontraron su cauce en mis ojos.

-  ¿Por qué lloras Gordis?
-  Pero si yo conozco tu trabajo, sé que adoras a tu hermana y a tu sobrino, que quieres mucho a tu mamá. Me has contado ya muchas cosas de tí. Sé que eres bastante juicioso, yo mismo he visto lo buen trabajador que eres
-  Si, pero eso fue hace mucho tiempo. En casa estábamos bastante mal.. pues una cosa llevo a la otra
-  Güevón - entre lágrimas - ¿Por qué no me habías contado?
-  Me daba miedo que me dejaras de querer
-  Marica, a mi lo que me importa es que estás aquí y ahora, eso ya pasó, el Jairo que conozco es este man que esta acá, que trabaja, que lucha por su familia. Yo A USTED ya no puedo dejar de quererlo
En ese momento me abrazó, sus ojos se iluminaron y al oído me susurró:
- ERES UN REYYYYYYYYYYYY GORDIS...TODO ESO ES MENTIRAS
Lo empuje fuerte, mientras el soltaba sórdidas carcajadas
- UYYYY JAIRO usted es mucho HIJO DE PUTA
Jairo sólo ríe
- MARICA EN SERIO DIGAME Y RECONFIRMEME QUE ES MENTIRAS
-  Pobre gordis - Jairo reía - venga le doy uno pico
-  NOOOO, YO NO QUIERO PICOS, USTED ES UN MALPARIDO, COMO ME VA VENIR CON SEMEJANTE CUENTO
Tras un rato de discusión donde lloré mas de rabia que de tristeza, nos abrazamos:
-  Ya se calmó mi rey.
-  Si, pero marica no me vuelva a hacer una de esas chanzas.
-  Gordis ¿Es verdad lo que me dijiste, que independiente de lo que haya sido me seguirías queriendo?
-  Si, es verdad - con total seguridad -
-  ¡ERES UN SOLLLLLLLLLLLL, MI REYYYYYYYYYYYYYY!

Tras esa última pregunta, quedé con mis dudas sobre Jairo. Si, pensaba en él como persona, como un ser que merece ser amado tras tanto sufrimiento, pensaba y aún aquí recordándolo pienso de igual manera, que independiente de todo lo querría...Lo amé como nunca había amado. A pesar de esa duda y otras sobre su pasado, sanamos mutuamente nuestras heridas a punta de mordiscos, besos, apunta de caricias, miradas, sonrisas, charlas, rumbas, tomatas y el pasado no importó mas.




Casi nunca peleábamos de aquella época, quizás la pelea la mas fuerte fue en una rumba. Después de salir de Theatron un sábado, fuimos con los amigos de Johan a un after muy famoso llamado 'Trinchera', uno de aquellos lugares donde no hay ley después de las tres de la mañana, el underground gay de la ciudad. El sitio era una bodega oculta en un callejón, en aquel lugar no habían clases sociales, tampoco discriminación, solo rumba y drogas, el lugar era la delicia de los que salían de los sitios gay de chapinero en la madrugada y querían seguir bailando. El calor, el olor a marihuana y  cigarrillo se filtraban hasta la calle.
La recepción era atendida por una lesbiana muy masculina simulando una agresividad extraña que ni siquiera un hombre exhibe. La bodega estaba llena, una luz púrpura bañaba los rostros de la multitud, las ventanas se encontraban tapiadas, no había ventilación, el viciado aire ahora olía a poppers, sudor, a drogas.
Junto a sus amigos Jairo se descaró metiendo perico, me molestó mucho. Nunca me había molestado que mis amigos o conocidos lo hicieran, nunca lo había probado, por miedo, por miedo a quedarme enganchado, por miedo a volverme adicto, aunque no tuve miedo con la marihuana la cual consumí estando en la universidad con mis amigos y algunas veces solo.
- Gordis prueba eso no tiene nada - mientras hago mala cara -
- Tú sabes que a mi esa mierda no me trama. 
- No seas bobo.
- Si sigues metiendo me largo de este chochal.
Discutimos por cerca de media hora,.
- Sabes que Jairo me largo.
Ya en la salida dos de sus amigos me alcanzaron.
- Juan quédese, miré no vaya a dejar botado a Jairo, antes pruebe y verá que no tiene nada malo- a pesar de todo lo mio era mas miedo-
- Gordis ven prueba y verás- me decía Jairo desde la pista de baile totalmente extasiado. -
Despues de parar de bailar, Jairo se me acerco. Me retaba con sus ojos verdes.
- Que hijueputas....- la curiosidad y la presión social me pudieron más -
Ángel, uno de los amigos de Jairo se acercó. Ya había visto como colocaban el polvo de coca en el pequeño agujero que se forma entre la muñeca y el dedo gordo al levantar el dedo, los emule. Ángel colocó el fino polvo en la juntura de mi mano.
- Aspire duro Juan.
Aspiré todo el polvo. Me fastidió la nariz. No paso nada más. El resto de la noche la pasamos muy bien. El polvo lo único que hizo fue quitarme la borrachera. No puedo decir que me haya gustado ni que me haya disgustado.
- Si ves gordis no es nada del otro mundo
Pasamos derecho la noche, de mañana el sexo fue maravilloso. Habría que repetirlo en otras ocasiones, nunca fui de drogas, y aunque sentía curiosidad, la única droga que de verdad había disfrutado y consumido medianamente seguido en la universidad fue la marihuana.

Hasta el tercer mes nos cuidamos, pero aún con mi sueldo nos parecía que la renta de los condones nos iba a quebrar, adicionalmente Jairo me presionaba mucho, sobre si confiaba o no en él.
- Gordis
- Dime bebe, sabes de que tengo ganas. - después de morderme el cuello de manera salvaje -
- jijijijijij ya sé
- Espérate saco los condones, que están en mi maleta.
- No gordis, así no mas.
- Esto ya lo habíamos hablado bebe, sabes que a mi me da miedo
- Ahyyyyyyyy pero miedo de que gordis ¿acaso no me conoces ya? ¿no confías en mi?- me hacía pucheros -
- Sí, pero es que uno nunca sabe.
- Ya te he dicho que no tengo nada.
Jairo me dio la espalda de mal genio.
Me sentí mal no quería eso, otras veces se había mostrado mas tolerante, le había prometido que lo haríamos sin condón varias veces antes. Lo medité mucho, hasta hice la cuenta de la probabilidad de dar con algún portador de VIH, mi cálculo mental dio 1/300 de acuerdo a las estadísticas de los periódicos. No he estado en mi vida con 300 hombres, estaba cansado de tanto cuidarme, de haber dejado pasar ya tantas oportunidades de encuentros sexuales por miedo al VIH, tanta paranoia me había hecho reprimirme sexualmente, era hora de dejarla atrás. Pensé era immposible que Jairo estuviera infectado. Besé su cuello, muy despacio volteo su cuerpo hacia mi respondiendo a mis besos y caricias.
Solo esperé que no pasará nada.
Después de ese día él y yo hacíamos el amor torpemente después de embriagarnos los días jueves en los barra libres, después de bailar extasiados uno del otro hasta ser los últimos en salir de los diferentes bares de la primera de mayo.
El y yo hacíamos el amor silenciosamente cuando se quedaba en mi casa queriendo ocultar  a mis padres nuestra presencia.Hacíamos el amor salvaje mente, mordiéndonos, luchando como dos bestias por el dominio del uno sobre el otro como dos animales peleando por arrancar la piel el uno al otro. Hacíamos el amor tranquilamente en las tardes soleadas los domingos después de ver una película de terror. Presurosamente hacíamos el amor los días que me quedaba en su casa, debiendo yo madrugar y el descansar. Incómoda y risueñamente hacíamos el amor por culpa de los troupes de la vieja y dura colchoneta.. Cómodamente hicimos el amor, cuando para su cumpleaños le regalé un colchón nuevo. Descaradamente lo hacíamos en los vestidores de los baños termales cercanos a la ciudad. Tiernamente hacíamos el amor las frías y lluviosas mañanas de los días festivos. Penosamente hacíamos el amor las mañanas en las que su madre mas de una vez nos descubrió desnudos en su cama en una mañana de un día cualquiera. Calurosamente hacíamos el amor  en las camas de los hoteles de melgar donde descansábamos tras beber muchas cervezas, y besarnos en las penumbras de la noche bajo el agua tibia de las piscinas de aquellos hoteles baratos. Hacíamos el amor dulcemente cada vez que jugueteábamos con leche condensada y dulce de leche sobre nuestros cuerpos. Desconfiadamente hacíamos el amor  después que peleábamos por sus constantes espectáculos por culpa del alcohol.
Éramos solo dos hombres, amigos, amantes, confidentes, no pasivos, no activos solo dos hombres disfrutando de lo que la vida nos había dado, disfrutando juntos de nuestros cuerpos, de nuestra confianza mutua, llevados por la locura que sentíamos el uno por el otro. Hicimos el amor hasta el cansancio hasta que enfermé.