No entiendo nada, no sé que me pasa, he pasado los días sentado frente al monitor con la mente en blanco, preguntándome ¿por qué no puedo entender nada? Por alguna extraña razón mi lógica se ha ido. He entregado el taller al final de la semana, el taller está lleno con tonterías carentes de lógica, aún pidiendo ayuda no entiendo nada.
Estoy sentado en mi puesto, aislado, decepcionado de mi mismo, sin saber que me pasa. Me encuentro ido, ausente, observando un punto fijo en la nada que es mi mente ahora. .
- ¿QUÉ ES ESTO? ¡¿CÓMO ES POSIBLE ESTO? ¿CÓMO ES POSIBLE QUE UN INGENIERO CON MAS DE CINCO AÑOS DE EXPERIENCIA EN DESARROLLO ENTREGUE ESTÁ PORQUERÍA?! -grita en tono bastante agresivo el líder de mi grupo dirigiéndose a mi- ¡SI NO LE GUSTA SU TRABAJO, SI NO SABE, SI NO LE IMPORTA MAS BIEN SÁLGASE Y DEDÍQUESE A ENFERMERÍA!
Me siento tan mal, me duele la cabeza, tampoco tengo ánimos de defenderme. solo aguanto con la cabeza gacha, me siento terriblemente humillado, como nunca en todo mi tiempo de trabajo, pero contestarle tampoco importa, de alguna manera su enojo carece de sentido, creo debería sentir rabia, pero en vez de ello, nada importa. Fingiendo interés he pasado el resto del día pidiendo ayuda para ver si logro entender algo y entregar las correcciones al taller. No puedo hacerlo, mi lógica ha colapsado, mi mente ya no está ahí.
Camino a casa sintiendo la vida que se va, me hace falta emoción, me hace falta alguien, extraño a Jairo, hace días no hablo con Carlos ambos ex parejas mías. Observo el atardecer desde la ventana de mi transporte, deseo como hace mucho tiempo ser niño de nuevo. He llegado a casa, estoy demasiado ido, necesito una dosis de adrenalina, ahora me duele todo el cuerpo, pero es un dolor extraño como si se estuviera adormeciendo, pero es dolor. Al llegar a casa entro tambaleando.
- Dianis, me acompañas al centro comercial?- le digo a mi hermana-
- ¿Para qué?- me mira extrañada-
- Es que no siento nada, no sé que me pasa, quiero montarme en la barca pirata como cuando teníamos yo 15 y tú 13 ¿te acuerdas íbamos al parque de diversiones que colocaban en la 19 con 30?. Quiero volver a sentir emoción, siento como si me estuviera muriendo.
Mi hermana me observa preocupada, y asiente en acompañarme.
- Dame cinco minutos me coloco una chaqueta.
Mi padre escucha.
- Gordos esperen los acompaño, tú estás mal -dirigiéndose a mi- no quiero que les pase nada.
Los juegos mecánicos se encuentran vacíos, en el poco tiempo que lleva el centro comercial cerca a casa nunca hemos ido. Camino lento, siento mucho frío, quizás algo de ansiedad de recordar la emoción del vacío en mi cuerpo por la atracción mecánica. Mi hermana me espera.
El olor a palomitas de maíz se mezcla con el olor del aceite de las atracciones mecánicas, hay muchas luces, pero todas ellas han perdido el color, es extraño, los colores están ahí pero carecen de sentido, el ambiente es opresivo a pesar que no haya gente allí. Mi padre compra los boletos para la barca pirata mientras esperamos junto a la atracción, tiemblo no sé si de miedo o frío.
Sentado, ausente del mundo, espero el inicio de la atracción, tengo más miedo que antes cuando era adolescente, es algo extraño todo lo que sucede, un extraño olor mana de mi cuerpo, puedo oler mi propio miedo. El juego mecánico inicia, lentamente mi corazón late una vez mas con fuerza, con esa fuerza que este año se ha llevado de mi; cada bajada me devuelve un poco a la vida por un instante, siento un poco de alegría, una sombra de emoción que se disipa rápidamente de manera extraña, hasta que la atracción se detiene. Es el último turno de la noche, casi no hay gente así que el maquinista nos regala varias subidas y bajadas más. La atracción ha terminado, estoy algo agitado, la emoción me hace olvidar momentáneamente la migraña en el lado derecho de mi cabeza, la cual empieza a florecer de nuevo al salir del centro comercial de regreso a casa.
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Desde hace un par de meses sudaba mucho en las noches ahora es peor, el sudor helado consume mis noches, debo cambiarme de camiseta cada noche, en el baño ya no me reconozco, por montones el cabello se ha caído, solo quedan briznas de color rojizo, nada comparable al castaño oscuro original.
En la empresa se han dado cuenta que no puedo con el trabajo, rumores corren respecto a mi locura, escucho rumores sobre que me pasa algo, por esta razón me han asignado una tarea mas fácil con una chica que está embarazada, quien debe salir el viernes a licencia de maternidad, la idea es que sea su reemplazo.
En casa el instinto de mi madre le dice que algo no está bien, ha empezado a interrogarme sobre mi vida sexual, me pregunta si sé como es el SIDA, la verdad aunque he leído, la verdad no me parece que tuviera nada relacionado, sé que empieza con diarreas, brotes, pero que solo con el examen ELISA se pueden dar indicios de si uno tiene el virus. Hasta donde sé no tengo nada, cada seis meses me he estado haciendo la prueba, aunque desde que terminé con Jairo no lo he vuelto a hacer he tenido miedo de hacerlo, además he querido estar solo, contando que mi inexistente vida sexual gracias al trabajo.
- Mi amor, estas seguro que no tienes nada? -pregunta mi amdre-
- Ayyyy mammi no molestees mas, que no tengo naddda, es sssolo estreees, ademas desde haaace rattto que nada de nada con nadie.
-Pero mira como estás, yo ya estoy asustada.
- Ffresca mammi - le digo sin poder pronunciar bien-
Al inicio de todo esto también se me mandaron exámenes de tiroides, por la caída del cabello y la debilidad general para descartar hipotiroidismo, los resultados fueron 'negativos'. Después de mi penúltima relación seria quedé con dudas sobre Jairo, mas que todo por el desorden con él que llevaba su vida, estos dos años después de haberle terminado por su grave problema con el alcohol he estado juicioso, dedicándome a mi trabajo, dedicándome a trabajar, ahorrando para quizás comprar un apartamento, volver a salir del país e irme a vivir definitivamente fuera de casa de mis padres, quería al finalizar el proyecto realizarme la prueba. No basta con el estrés del trabajo, ahora esto.
En el trabajo llevo tres días con mi compañera tratando de entender un cruce de datos, la verdad no puedo, no puedo. He dejado de entender todos los conceptos básicos, no recuerdo las rutas donde ella me señala dejará los archivos, por mas que ella repite las instrucciones; tanto ella como yo estamos desesperados, soy consiente que no puedo programar, ni razonar bien.
Cada día me es más y más complicado movilizarme, subir o bajar por las escaleras es terrible, tengo pánico a caerme, cuando antes saltaba múltiples escalones, he mojado la cama dos veces esta semana.
Renunciaré de nuevo, no es el estrés, algo más está consumiendo mi ser. Cada día todo es mas extraño. En mi mente está aquella extraña fecha de mi deceso, la cual vuelve una y otra vez, sin generar emoción alguna, es sólo un número ¿Qué es un número?¿Qué son esos símbolos?¿Qué significan? Mi mente no funciona como debiera. Me retiraré a casa, enviaré mi carta de renuncia con mi padre.
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Nuevamente he renunciado a mi trabajo. Por presión de mi madre he accedido a ir a onusida después de la toma de la resonancia magnética; debemos atravesar la ciudad en el carro de mi tía Ginet, para la toma de la resonancia. A mitad del trayecto siento ganas de orinar, trato de contener el líquido en mi vejiga, no deseo como algunas noches anteriores en mojar el carro de mi tía como he hecho con mi cama en noches anteriores. La dirección del laboratorio donde me tomarán la resonancia es algo confusa para mi, además necesito que lleguemos pronto para no mojar la tapicería del auto; estoy desesperado, las débiles señales de mi mente casi no pueden contener la vejiga, pequeñas gotas humedecen mi ropa interior.
Al fin hemos llegado, bajamos del auto con mi tía, mi madre y mi hermana. El viento helado de la ciudad cala en mis huesos hasta lo profundo, mi tía estacionará el auto, mientras los demás entramos al edificio gris donde está el laboratorio..Mi madre nos deja a mi hermana y a mi en unas sillas mientras informa en recepción que estamos allí ya listos para la toma de la resonancia.
- Maaaaamii - temblorosamente con voz infantil, me dirijo a mi madre-
- ¿Qué pasó mi amor?
- Mi i iraaaa - señalando mi pantalón húmedo -
- AAHHHHH, JUEPUTA, ¿Señorita, dónde hay un baño?
- En el pasillo a la derecha.- contesta la chica de recepción-
Mientras tiemblo mi madre me lleva hasta el baño, afortunadamente no ha sido todo el contenido de mi vejiga. Dentro del baño, me pregunto que me pasa, no puedo siquiera abrir bien la cremallera del pantalón, los temblores no me dejan, tampoco siento la fuerza necesaria para bajar la cremallera, con esfuerzo logro hacerlo.¿Qué me pasa? Descargo por completo mi vejiga. Allí parado me pierdo mirando el infinito, no sé cuanto tiempo ha pasado, soy consciente pero...una inmensa vacuidad crece en mi mente.
- Mi amor ¿qué te pasa? sal ya - dice mi madre tras la puerta del baño -
Al salir siento a mi madre de mal genio, siento vergüenza por mi, por esta incomoda situación.
- Siéntese mas bien mientras vuelve la tía Ginet - dice mi madre de mal genio, su forma de expresar frustración-
Al llegar mi tía, soy conducido a un oscuro laboratorio; luces de neón alumbran fantasmagóricas placas de acetato de las resonancias cerebrales de múltiples pacientes, también hay allí algunos ordenadores procesando dichas imágenes ¿Son aquellas placas imágenes de las almas de aquellas personas?¿Es aquel gris la sombra de los sentimientos y las emociones de aquellos seres humanos?¿Son aquellos blanco y negro los rastros de las conciencias?¿Es este frío, el frío de la muerte que ronda?
- Sigan - dice un enfermero - Por favor al muchacho a quitarse el saco.
Intento quitarme las múltiples chaquetas que me protegen del frío. NO PUEDO, tiemblo demasiado, me siento demasiado débil para poder levantar mis brazos, necesito ayuda para quitarme las chaquetas que llevo puestas, entre mi tía Ginet y mi madre me ayudan forcejeando.
Me ayudan a entrar en un extraño cuarto cuyo centro es un enorme tubo de metal, del cual sale una camilla.
- Sufre de claustrofobia o ansiedad- el operario de la máquina dirigiéndose a mi-
- N ooo ooo - contesto con la voz temblorosa -
- Recuéstese
Mi madre me presta ayuda para recostarme en la camilla que será introducida en el enorme tubo metálico que es el resonador. Observo recostado el techo mientras los motores bajo la camilla giran a las ordenes de algunos timbres de computador llevándome dentro del tubo. Siento frío, mucho más que afuera en la ciudad, tiemblo constantemente dentro del tubo, mientras empieza el procedimiento; los temblores son una mezcla extraña entre el frío y miles de pequeños espasmos musculares que recorren todo mi cuerpo. En la lejanía ecos de sonidos extraños inundan el metal, pitos, metal torciéndose, carrasperas, uñas haciendo chirriar el mármol, ruidos robóticos, todos sonando de manera aleatoria uno tras del otro, acercándose, alejándose, formando ecos monótonos, monstruosos, aterradores que resuenan dentro mi cabeza sin cesar. Cierro mis ojos, mi mente está vacía, no se forma ninguna imagen solo aquellos caóticos sonidos ¿Serán ellos los sonidos del otro mundo?¿Son ellos las voces que inundad el vacío de la eternidad?
Al salir del laboratorio escucho que los resultados estarán el día lunes, ahora debemos ir a almorzar, mi tía nos lleva a uno de los restaurantes favoritos de mi madre en un barrio de clase media cercano al nuestro, no sin antes ir a casa para cambiarme de ropa,
Estoy en mi cuarto, de pie observando la nada, sin comprender el mundo, sin comprender que soy, miro al infinito desorientado, temblando. Y por un momento que es eterno el tiempo se desvanece. Si es que el tiempo existe.
- Juan, ya te terminaste de cambiar - Grita mi madre -
Demoro en reaccionar. Vuelvo al mundo, trato de colocarme el pantalón, no puedo.
- Si ya voy - digo con esfuerzo -
Miento, aún no puedo colocarme bien los zapatos. Con demasiado esfuerzo medianamente logro vestirme. Al bajar de nuevo con esfuerzo, mi madre me ayuda a colocarme dos chaquetas mas, pero no tiemblo de frío. Lo sé. Necesito ayuda para entrar al carro. Ahora tengo calor, son muchas prendas las que visto.
Hemos llegado al asadero, todos han salido, por mi estado me he quedado esperando dentro del auto. No tengo ganas de comer aunque este débil, no me emociona el olor del pollo de asadero de barrio, aunque este lugar se ve algo más amable que muchos otros similares, mucho menos me agrada tener que esperar dentro del carro porque el asadero este lleno.
- Juan ven, ya desocuparon una mesa - mi tía Ginet mientras abre la puerta del carro -
Camino torpemente, el sonido de la tv me molesta, también el humo, el calor humano de las familias de clase media cuyo gran lujo es estar allí almorzando un día sábado. Tomo asiento torpemente en la cabecera de la mesa, allí me descuelgo colocando mi frente sobre la sucia mesa, de la cual sale espantada una mosca que olisqueaba sobras junto al pequeño recipiente rojo del ají en medio de la mesa.
- ¿Quieres algo Juanchito? - pregunta mi tía, mientras mi madre mira la carta buscando las mojarras -
- Si unnnaa gassseosa tttengo sed
- Mira la carta a ver que vas a pedir.- dice mi tía -
Nada de lo que hay allí me llama la atención busco algo que no lastime mis encías, ni mi garganta, busco una sopa, al fin veo algo. Hago señas para que mi tía se de cuenta, no puedo hablar bien.
- Mesero un mondongo por favor- mi tía dirigiéndose al mesero -.
Una larga espera transcurre en medio del sofoco, hasta que llega mi sopa junto con el resto de los platos. La sopa no sabe a nada, está muy espesa, muy cargada de las vísceras de res, está demasiado caliente. A regañadientes tomo algunas cucharadas de aquel brebaje que ahora para mi luce extraño, viscoso demasiado café, prefiero jugar torpemente con la gaseosa.
- Come mi amor, come que si uno come se alienta, enfermo que come no muere - dice mi madre-.
- Ole Mari - mi tía dirigiéndose a mi madre - no ve que casi no puede ni agarrar la cuchara, además mire como tiene las encías.
Mi madre continua hasta terminar su mojarra, mi tía y sus hijos también terminan sus respectivas piezas de carne mientras aún lucho con mis manos temblorosas tratando de llevar a mi boca algunos trozos de aquel espeso caldo.
- Noo ooo oo puuueeedooo más
- Trata de tomarte algo mas de la sopa - mi madre -
- Noo, nooooo quii ieeee rrooooo
- Muestre a ver me tomo esa sopa, que pecao dejar esa sopa ahí. Ginetcita alísteme unos huesitos y esa carnecita para la perrita.
El domingo ha sido un solo lapso de memoria, en la noche han ido a visitarme mis tías paternas, junto con un primo quien es médico, solo mi primo entra a mi cuarto a revisarme. Según el criterio de mi primo no tengo nada, no les dice nada a mis padres después de revisar mi garganta. Mis tías están preocupadas, especialmente una de ellas quien es mi madrina de bautismo. Es preferible que no vean el estado en el que me encuentro, nadie quiere dramas.
Curiosamente aún sabiendo que ando algo mal, ninguno de mis amigos me ha llamado para saber como estoy, la Maga ha sido de los pocos, junto con David un gran amigo de la universidad quien esta en USA, David ha estado pendiente, está preocupado por mi estado; aún en la lejanía, mi sola voz demuestra mi estado, la última vez que estuvo en el país me vio decaído, cabizbajo, sin alegría . A la Maga le cuesta trabajo llamar a mi casa, siempre llama desde su trabajo en un call center de una aseguradora, estas llamadas le pueden costar su puesto, a estas alturas cuando ha ido a visitarme me saluda
-Hola mi abuelito flaco -mientras me abraza
Eduardo quien considero mi mejor amigo, hermano mayor de la Maga, casi no me llama desde que se encuentra viviendo solo, dados los constantes problemas con su madre. Soy quien generalmente llama, soy quien se interesa por él, él sufre episodios depresivos. De boca de él sé que no gasta un minuto a otro operador de celular, ni aun considerándome su mejor amigo, lo entiendo también su situación laboral es precaria al ser profesor del distrito. En este momento de su vida se encuentra sufriendo por Daniela una mujer menor que él, es una relación casi imposible. Las depresiones por ella consumen sus pensamientos, sus sentimientos, su vida. Con los años ha ido quedando solo, no solo por las depresiones sino por su falta de tolerancia hacia los amigos y hacia su familia. Muchas personas me dicen que por que soy su amigo, que él o está deprimido o de mal genio, siempre salgo en su defensa diciendo que hay que tenerle paciencia.
Muchos de mis amigos están fuera del país, los que están en el país están fuera de la ciudad realizando proyectos en diferentes departamentos. Carlos, mi primer pareja, mi primer amor con quien he llevado una buena amistad a lo largo de los años desde que viajó a USA también se ha distanciado, quizás por que siempre que hablamos hablo de mis constantes malestares, de lo mal que me siento, y de lo desilusionado que estoy de la vida, sin darle oportunidad para hablar de sus cosas. El mundo laboral, el estrés me ha llenado de amargura y cinismo.
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Han pasado un par de días, el desespero constante de mi madre la ha llevado a llamar a ONUSIDA en horas de la mañana para la toma de la prueba de ELISA, un asesor ha hablado con ella.
Siento frío al bajar del taxi, estamos en frente a un pequeño parque del barrio Teusaquillo, uno de aquellos parques que la administración distrital uniformizó, dejando la ciudad llena de parques de barrio idénticos.
Mi aún cálido aliento forma vapor al contacto con el gélido aire de la mañana, mientras mi hermana busca la dirección en la esquina de la cuadra opuesta de donde nos dejo el taxi, Dianis, hace señas a mi madre para que caminemos hacia ella. El edificio esta en obra, mi madre y mi hermana dudan de si en realidad son las oficinas correctas, mi hermana decide entrar. Demora un poco en volver.
-Mami si son las oficinas.
-Ven mi amor - Mi madre trata de hacerme caminar -
En la recepción de ONUSIDA se puede ver que todas las oficinas están también en obra, hay mucho polvo, me molesta
- Buenos días ¿En qué les puedo ayudar? - una joven recepcionista -
Mi madre le explica nuestra situación
- Permítame un momento, voy a buscar a los asesores para que los ayuden
El interior del pequeño edificio, es el de una vieja casa de Teusaquillo, una casa antigua de los tiempos dorados de Bogotá, con pisos de madera, escaleras en espiral y barandas de madera. La joven deja la recepción para buscar a los asesores, tras demorar un rato vuelve con un joven de estatura mediana, algo fornido, quien habla con mi madre no entiendo lo que hablan, mi madre luce afanada. Tras una corta charla con mi madre, el joven nos guía a una oficina donde están arrumados muchos escritorios viejos y sillas giratorias de las oficinas que están siendo remodeladas. En medio de la oscura oficina nos espera otro joven sentado en un escritorio, rodeado de unas cuantos viejos sillones de madera, al parecer herencia de los antiguos dueños de la casa.
- Siga señora tome asiento - dice el joven que nos acompañaba -.
El joven que se encontraba sentado se levanta dirigiéndose fuera de la oficina. Al ir saliendo, refiriéndose a mi hermana nos dice:
- Ustedes por favor vengan conmigo, nosotros vamos a hablar en otra sala; mi compañero va a hablar con la señora.
El joven nos lleva hacia una sala adyacente a la recepción.
- Bueno en primer lugar mi nombre es Ricardo, el nombre de mi compañero es Óscar, nosotros llevamos un par de años trabajando con ONUSIDA en la parte de asesoría. ¿Cuáles son sus nombres?
- Yo soy Diana-contesta mi hermana- y mi hermano se llama Juan. A él ahora le cuesta trabajo hablar, lleva una semana así, pero ya venía sintiéndose mal, estaba durmiendo demasiado, fines de semana enteros sin levantarse de cama, con un agotamiento constante, tampoco ha estado comiendo bien.
- Bueno en primer lugar quiero que sepan que después la charla que les voy dar, podrán seguir a la toma de la muestra de sangre para Juan.
Ricardo continúa con su explicación, algo de entendimiento tengo aún, pero pierdo el hilo fácilmente, estoy que no puedo, siento desespero de mi situación, la poca conciencia que me queda lucha por mantenerse en el ahora que por poner atención.
- Si la prueba llega a salir positiva, hay medicación -dirigiéndose a nosotros-, tú podrás vivir una vida normal - dirigiéndose a mi -
Pierdo el hilo de lo que dice, no puedo poner atención, mi conciencia se hunde en lo profundo, en la ausencia de tiempo.
Tras las respectivas reuniones nuestros anfitriones nos reúnen de nuevo con nuestra madre, para pasar a la toma de sangre. Mi madre luce mas calmada. La toma de la muestra de sangre demora poco, los resultados estarán en el transcurso de la semana.