Mi padre ha ido por los resultados de la resonancia magnética, para nosotros es extraña, se ven espacios donde debería haber gris o blanco, los comentarios no hablan sobre tumor o aneurisma alguno, pero si de una posible infección viral o leucopatía. Debemos conseguir pronto cita con un neurólogo, pero mi aseguradora de salud nos ha dado la cita para dentro de dos meses.
Casi a a diario mis padres llaman a la aseguradora en un inútil esfuerzo de conseguir un neurólogo, además no hay dinero para pagar uno privado, cada día me encuentro peor. He perdido mucho del control de la orina, paso los días durmiendo, al despertar sé que existo, no sé nada más; si intento ir por la casa, no puedo bajar las escaleras, tampoco puedo hablar bien, prácticamente estoy mudo, tengo tanto miedo como imagino debe tener mi abuelita quien sufre de demencia senil, no reconozco bien a las personas, no puedo comer bien, la comida me fastidia, me raspa la lengua, maltrata mis encías y garganta, solo tomo agua, no tengo diarrea, por el contrario estoy estreñido, no hay voluntad de realizar ninguna actividad...Simplemente nada importa.
Han pasado un par de días desde la toma de la prueba, las constantes llamadas a onusida por mis resultados han dado fruto, los resultados de la prueba han salido. Mi hermana y mi madre van por ellos, mientras duermo en casa.
- Juan despierta - mi madre - tenemos que hablar.
- uhmmmmmm- con la mirada perdida mientras tomo conciencia, trato de incorporarme-qqqque passsa?
- ¡LA PUTA PRUEBA SALIÓ POSITIVA! - mi madre de mal genio -, pero tienen que confirmarla.
-DIMEEEE ¿CON QUIÉN TE ACOSTASTE?¿CON QUIÉN NO TE CUIDASTE?¿CUÁNTAS VECES TE DIJE QUE TE CUIDARÁS?cuántas veces te dije que pensaras en mi antes de hacer locuras? - ya con lágrimas -¿CUÁNTAS?¿CUÁNTAS?¿CUÁNTAS?¿CUÁNTAS?
El dolor de mi madre no me importa, sé que debería pero no lo hace, estoy ido.
-Tu sabes...que fue...con Jairo...naaadiiiie mas...
-Borracho hijueputa, ´peré y verá que lo voy a vaciar, por mi le meto un tiro, TENGO TANTA RRRRRRRRABIA
Regreso a la profundidad...sé mi madre se afana.
-Mira no mas como estás- dice con tristeza mi madre al verme -
Estoy ausente...
- Dame el teléfono de Jairo - dice mi madre enfurecida - YYYYAAAA, es que lo voy a putear, borracho hijueputa, es que lo que es que le voy a meter un tiro.
Mi madre esculca mi chaqueta en busca de mi teléfono celular, lo encuentra revisa los nombres en busca del número, sé que aún tengo su número. Todo me es indiferente.
- Uhmmmm Jairo, Jairo, es *** ********-dice mi madre-
Aún después de un par de años todavía tengo los números de teléfono tanto de celular como de su casa. Mi madre sale de mi cuarto en medio de su histeria...no me importa, de nuevo quedo ausente.
Siento de nuevo la pesadez de mi cuerpo, solo quiero seguir durmiendo; escucho a mi madre tratando de llamar infructuosamente a Jairo.
Mientras trato de dormir con la poca conciencia trato de recordar, pienso de verdad con quien mas pude haberme infectado. Siempre me cuidé, no he sido un santo, pero tampoco una puta, mi madre siempre me recalco que me cuidara, siempre fui muy consciente al punto de la paranoia, ella no tenía nada que decirme, crecí con la epidemia del sida y sus devastadoras consecuencias, crecí con el miedo latente al sexo que infundió el vih en toda la humanidad; mas aún al saberme homosexual desde mi temprana adolescencia, entendí que debía cuidarme...Haber visto 'Filadelfia' a mis 15 años puso la cereza en el pastel. Además sé soy uno de los pilares de la familia, mi madre hace mucho dejó su trabajo como informal en la calle vendiendo artesanías y el sueldo que mi padre devenga se le va en los intereses de varias tarjetas de crédito; este sentido de responsabilidad con mi familia me ha hecho preocuparme mas por mi familia que por mi propia vida. Ahora no tengo nada que decirle al chico de 15 años asustado del sida, las enfermedades no discriminan a nadie.
Me frustra todo esto, al terminar este año quería irme de casa, mis padres parecen tristes, inundados quizás de amargura...la música que colocan inunda la casa con un eco de desconsuelo, en esos momentos huyo encerrándome a escuchar mi música, comportándome como un antisocial dentro mi propio hogar. Pareciera que quisieran llevarme con ellos e inundándome de sus tristezas y frustraciones, aunque ahora entiendo completamente las frustraciones de la adultez.
En cama pienso que en términos de salud sexual, hasta este momento todo había salido bien, El nombre de Jairo, trae tantos recuerdos a mi memoria...
Después de regresar al país, habiendo trabajado en centro américa por unos cuantos meses he vuelto al país sintiéndome en la cima del mundo, con dinero, mas amigos, mi propia liberación sexual, alejándome del pasado que en Bogotá me nublaba, dejando definitivamente el complejo de feo que me había hecho demorar mi aceptación total como homosexual, por fin puedo estar tranquilo de nuevo en la ciudad, el dolor de aquella relación que tanto me dañó, ha disminuido mucho. En estos días sólo quiero divertirme, estoy sin trabajo, pero joven y seguro de mi mismo, sintiéndome guapo; no quiero conocer aún a nadie, porque aunque lejana aun está en mi la sombra de Toño.
Ha sido una noche de tragos con Samuel, en un famoso bar vía a la calera, nuestro bar favorito, siempre salimos muy tomados de allí. Al bajar de nuevo a la ciudad, Samuel, me ha dejado en la carrera 11 con 69, ahora espero mi transporte, son las 3 am.
Mis instintos bullen bajo efecto del alcohol, toman con desenfreno el control de mi cuerpo, reviso si tengo dinero. Cerca a donde espero mi transporte, existe un lugar, un lugar prohibido, un lugar para desinhibirse y descansar, un baño turco que atiende clientela masculina las 24 horas.
El alcohol se ha llevado mis prevenciones.
Camino en la helada madrugada temblando de frío, miedo y emoción. Me ha pasado lo mismo las veces que he ido anteriormente...me gusta esta emoción, lo prohibido este pequeño lujo que hace mucho no me daba.
El lugar es una antigua casa chapineruna bordeada por una reja, tras la cual hay algunas plantas de chusque sembradas en unos enormes materos de barro; a un lado y frente al enorme arco de madera que es la puerta, un celador cubierto en bufandas descansa en una silla. Me dirijo a la vieja puerta de madera. Toco el timbre. El celador que descansaba, surge de entre las sombras para abrir la puerta, la cual se encontraba entreabierta.
- ¿En cuánto está el cover? - pregunto al celador -
- A 18 mil - contesta mientras abre la enorme puerta de madera.
Al entrar, inunda mi ser el dulce olor de las hojas de eucalipto, el aromático olor del vapor de agua mezclado con hierbas medicinales, me gusta este olor, me gusta la madera vieja, los muebles de la barra. En la recepción dos jóvenes atienden, al pagar uno de ellos me entrega una pequeña toalla junto con la llave para el casillero donde guardaré mi ropa.
Tras un rato en el lugar me siento tranquilo, andar desnudo, solo con la toalla paseando por el segundo piso de la casa me hace sentir libre. Antes pensaba que estos sitios eran sucios, que sólo venían hombres viejos o personas adictas al sexo, de alguna manera los asociaba a la prostitución, a la promiscuidad.
La primera vez que conocí un sitio como este me sentí muy mal, lo hice por dolor, por un tonto deseo de venganza contra Toño, sentí estaba cayendo en mis instintos, que estando allí todo se convertiría en una espiral de sexo sin sentido, no fue así.
Importa poco ahora, mas que adictos al sexo vienen hombres comunes a quienes agobian la soledad de nuestra época, la falta de una pareja estable con quien compartir... Afortunadamente siempre he dado con hombres similares a mi, con quienes además del sexo, he podido compartir un momento de charla. Ahora no juzgo a nadie, aunque no me gusta contar que conozco algunos lugares como este, ni que en algún momento de mi vida los frecuenté, muchos hombres tienen el mismo prejuicio que antes tenía. Estos sitios son a los gays lo que los prostíbulos a los heterosexuales, al final de cuentas todo el mundo folla, todo el mundo tiene deseo, y establecer una relación puede ser complicado; no sé si triste o afortunadamente existen lugares como estos para los que estamos solteros.
La madera del piso cruje con cada paso de mis sandalias. Observó todo el lugar, me siento en los años 40. Veo a un viejo conocido, quien juraba que era un santo, que jamás vendría a un lugar como este, al verme baja su cabeza huyendo de mi mirada, río para mis adentros; quizás entiendo un poco porque hay quienes denigran de estos sitios e irónicamente uno los encuentra aquí, alguna vez tuve los mismos prejuicios.
La primera vez que vine, tuve la impresión que el naranja encendido de las resistencias que dan calor al sauna entre la tenue penumbra parecía el color que podrían tener las brazas del infierno; ahora sólo estoy de nuevo aquí, disfrutando tranquilo de su calor, sin temor al lo que pueda encontrar.
Me falta visitar los cuartos de los baños turcos, casi no hay hombres el día de hoy, descansaré en los turcos mientras el alcohol se va de mi cabeza. El vapor reina entre las sombras, una tenue luz ilumina los vaporosos torsos de los pocos hombres que estamos allí, estoy tranquilo.
Recostado boca abajo en uno de los mesones laterales del baño turco yace alguien, alguien que mas de una vez me ha mirado descaradamente, furtivamente, levemente, fijamente, sonriéndome al encontrarnos en medio de las rumbas, alguien que ha estado en mis sueños, ese alguien ahora yace allí dormido entre vapor, en la oscuridad, como niebla en un sueño que hace mucho olvidé.
Me siento a su lado, no lo nota, lo observo no con deseo, sino con algo mas, algo mas profundo, algo que hace mucho no sentía, ese algo que sentí cada vez que me perdí en los verdes ojos de este extraño en medio de salones llenos de música, gente y alcohol, esos ojos verdes que hacían que el tiempo se detuviera. Con mi mano derecha suavemente toco su cabello, empiezo a juguetear con las ondas doradas de su cabello.
Después de un rato el extraño despierta, me observa, se recuesta sobre mis piernas, allí observo de nuevo ese par de esmeraldas que alumbraban mis sueños desde el primer día que brillaron para mi. Mi mano solo sigue jugueteando, mientras nos observamos. El extraño se levanta, se va sin decirme nada. ¡Esta noche no lo voy a dejar así de fácil! Lo dejo irse pero estaré pendiente de él.
Después de dar algunas vueltas por el lugar nos encontramos de frente como aquella vez en Lotus donde casi nos estrellamos por estar perdidos observándonos.
Sé, los dos hemos estado a la expectativa.
- ¿Con que me está siguiendo?- el extraño -
-¿ Creíste que te dejaría ir?
- ¿Por que no me quiere dejar ir?- sonríe el extraño mirándome a los ojos -
- Ya nos habíamos visto antes fuera de aquí, y me dí cuenta como me mirabas.
- ¿Y cómo lo miraba?- sonriendo picaramente-
- Como si te gustará
- A sí.
- SÍ
Deja de mirarme, y sigue su camino queriendo voltear a verme nuevamente.
Tras un rato en los diferentes ambientes, me estoy duchando, estoy desnudo, el extraño aparece en la ducha del lado, lleva su ropa interior puesta, nos observamos, ninguno se atreve a nada. Ambos salimos de la ducha al tiempo, siempre observándonos; el agua rueda suave entre la multitud de vellos de su pecho, me observa mientras levanto mi cabeza para que el agua helada se lleve los rastros de alcohol. Los dos siempre buscando nuestras miradas salimos de la ducha en direcciones opuestas, pero encontradas, caminando uno hacia el otro en el ineludible encuentro de nuestras labios.
Tras un rato vuelvo a los baños turcos, allí en medio del vapor aquel extraño yace acostado boca abajo descansando. Me siento al lado de su cabeza, en medio de las opacas sombras observo los rizos de sus dorados cabellos, sobre los que brillan tenues las pequeñas gotas de agua, mi mano derecha toma uno de sus rizos, suavemente jugueteo con su cabello. Él levanta su mirada, y me sonríe. Allí a su lado, jugueteando con su cabello el tiempo no existe. De un momento a otro, mientras sonríe sin quitarme la mirada, el extraño posa su cabeza sobre mis piernas, una sonrisa que termina en un beso.
- ¿Cómo te llamas?
- "Estiven"- responde mientras observo el verde brillo de sus ojos en la penumbra -
- Mucho gusto, Juan
- Me podrías cuidar esta noche, estoy todavía muy tomado, estaba bebiendo con unas amigas.
- Claro, pero ¿Dónde nos recostamos? aquí no hay donde, todos los cuartos están ocupados
- En el segundo piso hay un sofá de cuero donde podríamos recostarnos un rato.
- Listo, pero quedémonos otro rato así.
Descanso mi espalda sobre la pared mientras Estiven descansa su cabeza sobre mis piernas.
- Ven vámonos, ya estoy muy acalorado - aunque me encanta tenerlo recostado en mis piernas -
Estiven se levanta algo desorientado.
- Vamos que yo te cuido
- Uy si, por ahí había un viejo verde que me echo el ojo, pero no me vayas a hacer nada - coquetamente me sonríe-, no se vaya a aprovechar de mi por que estoy borrachito.
Algunos hombres nos miran con recelo, solo seguimos hacia el sofá del segundo piso, donde descansaremos. Abrazados en la incomodidad quedamos dormidos.
La luz del día nos acompaña mientras nos vestimos, nuevamente nos observamos al colocarnos la ropa, detallo a Estiven, es mas guapo de lo que había detallado, se da cuenta que lo observo, sonríe mientras me observa colocarme el jean.
- Oye no te vayas a perder pásame tu número de celular
- Es...- Estiven -
- Espera que tengo el teléfono en la chaqueta
Después de un breve instante donde no encuentro el teléfono.
-Listo ¿Cómo es tu número?
'Estiven' fue quien primero llamó, confesándome que le había gustado mucho aquella noche en el vapor; jamás pensé que un hombre como él diera el primer paso conmigo, siempre había tenido decepciones con hombres como él, el orgullo de su belleza los ciega. No lo tomé a bien, estaba muy prevenido por todo lo vivido antes de conocerlo, estaban los rastros de mis inseguridades, forjadas tras años de chats frustrados, citas con hombres locos e inestables, la evidente discriminación por vivir al sur de la ciudad, y mis propios traumas. Tras una semana de estar hablando de forma continua por teléfono salimos a bailar, fue una noche espectacular, mis padres no estaban aquel domingo, así que por primera vez hicimos el amor.
La química entre los dos era maravillosa, tras hablar mucho por teléfono confesó que su nombre no era Estiven sino Jairo. Empezamos a salir a beber juntos, a rumbear en los lugares gay de la primera de mayo, a reírnos de la vida gay, de la vida hetero, en general de la gente, hasta que un fin de semana decidió llevarme a su casa confesándome que no vivía en Kenedy sino en Bosa, no me sentí cómodo con esa confesión por que simplemente me llevo sin decirme nada, me llevo por entre las casas humildes, me llevo algo temeroso, esperando la reacción que generalmente tenían los hombres con él , al confesar su lugar de vivienda. Recordé que alguna vez también viví en un barrio así, donde las casas son construidas sin planos, pintadas con pintura barata, casas donde las viejas paredes mal estucadas caen a pedazos y el ambientador es el olor de cera roja barata mezclado con las esporas de los hongos que crecen en la humedad que se filtra entre las grietas de la construcción. Me sentí incómodo, siempre quise que mis parejas fueran muchachos con carrera universitaria, y Jairo, bueno él tenía un trabajo humilde como impulsador para una marca de alimentos, también deseaba que mi pareja viviera en un mejor sector de la ciudad. Ahora me hallaba allí, con Jairo al borde marginal de la ciudad sonriéndole a la vida.
Jairo no tenía cuarto propio, vivía en la sala del segundo piso de su casa, una de esas clásicas salas de familia bogotana humilde cuyo piso de cemento con mineral rojo brilla con el olor de cera barata de cojín, su cama estaba bajo la escalera que iba del segundo al tercer piso, su cama era de tubo con una vieja colchoneta llena de irregularidades que nos tallaban, que nos hacían reír cada vez que hacíamos el amor.
Un día al salir del baño sin camiseta mi madre no aguanto las ganas.
- Juan ¿eso que tienes en la espalda son mordizcos?
Me rei mucho.
-¿Estas saliendo con alguien verdad?
- Si mamí, en estos días se los voy a presentar
- Ojala que no sea como a mugre esa del Toño
- Sip, no es para nada como él, me encanta me hace reir mucho vive en Bosa.
Mi madre mostró descontento. Yo no conocía Bosa, tenía muchos prejuicios sobre el sector en aquel mes junto a Jairo me dí cuenta que en Bosa vive mucha gente común, me aterró la cantidad de personas que salen de paño, con carnets de bancos y empresas importantes, mujeres muy bien arregladas esperaban tomar el transmilenio en las mañanas. Me sentí mal al darme cuenta de mis propios prejuicios, de cuan poco conozco la ciudad y su gente.
- Ay,ojala no sea un malandro, mi amor tienes que cuidárteme mucho, si te llegará a pasar algo me enloquezco
- Noooo mamí, ya llevamos saliendo casi un mes el trabaja, hasta he ido con él a su trabajo. El hombre es bien echado pa´lante. Es solo mala fama la que tiene Bosa, aunque donde vive Jairo aun no han pavimentado.
- Ojala mi amor, tú sabes que si tu estás triste yo también lo estoy
Con Jairo nos volvimos inseparables, día tras día nos dejábamos mensajes, cada día nos llamábamos, salíamos a rumbear, tanto mis padres como su madre y su hermana nos aceptaron. Ambos veníamos de malas relaciones, yo venía de Toño quien me dejo mal por casi tres años, el destruyó los incipientes retoños de autoestima que estaban creciendo tras de mi salida del clóset, tiempo después me dí cuenta que no valía la pena, sin embargo aquella tristeza me dio el impulso para mejorar mi vida, pero la herida tardó muchos años en sanar. Jairo venía de las manos de un alcohólico con quien había estado viviendo, luego paso a las manos de un hombre posesivo y celoso a quien cuando Jairo le terminó, empezó perseguirlo con un cuchillo amenazándolo para que volviera con él, hasta que Jairo puso una caución; ambos terminamos detestando a nuestros respectivos ex.
Nuestra conquista mutua la llevamos a cabo semana a semana bailando hasta la madrugada en los sitios de rumba gay de la primera de mayo, compartiendo, durmiendo juntos en nuestros respectivos hogares en las tardes de los fines de semana, una que otra vez alguno de los dos llevaba ropa para quedarse un día entre semana en la casa del otro.
Una tarde de sábado en una pequeña frutería de Bosa.
- Jairo, sabes... quiero decirte algo, con todo lo que ha estado pasando entre los dos... ¿Nos cuadramos?
- Siiiiiiiiiiiiiiiiii - me dijo Jairo -
- Mira yo sé que todo el mundo folla con todo el mundo, quiero que ante todo seamos libres.
- Gordis, te juro que no voy a estar con nadie mas que tú.
- No tienes que prometerme nada, fresco, lo que si te pido es que por favor si vas a estar con alguien mas por favor cuídate
- ¡Chiiiii gordis!
Afianzándonos como pareja, en una de nuestras salidas Jairo espero que yo tomara un par de tragos. Recuerdo estaba en una de las barras del segundo piso de Theatron, Jairo había ido al baño. Lo esperaba con un trago en la barra, lo esperaba con un beso.
De entre los corredores salió él, precioso como siempre, iba de jean, con su camisa azul a cuadros ceñida al cuerpo, con los botones cercanos al cuello desabrochados dejando ver parte de su viril torso velludo. Sonreía, sus ojos verdes brillaban, no había duda los dos estábamos enamorados.
Se acercó a la barra, nos besamos, tomó un poco del trago que le guardaba.
- Jairo, yo a usted lo quiero mucho, creo que me estoy enamorando.
Sonreía con malicia
- Gordis, y si te dijera que tengo un secreto...
- ¿Qué clase de secreto?
- Uno tenaz
- ¿Qúe tan tenaz?
- Uno que me da miedo contarte
- ¿Miedo de?
- Que ya no me quieras
- ¿Por qué habría de dejar de quererte?
Clavo sus profundos ojos verdes en los míos
- ¿Recuerdas a Ángel? Lo que te conté de él.
- Sí, sí lo recuerdo, que trabajó como prostituto. Su hermana también y está en España, jejje la barbiechona.
Por la forma en la que lo dijo intuí hacia donde iba todo el asunto.
- Pues nos conocimos en el trabajo.
- Ya vino a hablar mierda güevón ¿En este trabajo?
- Es en serio, en el de puto.
- Mira Jairo, tengo ya tiempo de conocerte, sé que tomas mucho del pelo, y pues no me gusta que juegues con esas maricadas.
Él me miraba serio
- Es verdad, no te digo mentiras ¿Para qué me pondría yo a jugar con algo como eso?
- Marica, en serio
- Sí, es en serio
La gravidez de su voz, el brillo en sus ojos me dijeron que era verdad. No lo podía creer, aunque él es de ese tipo de belleza que muchos desean poseer efímeramente pero no descubrir, comprender. Un rostro, un cuerpo bello mas, un momento vacío de placer sin una historia de vida, solo un objeto. La tristeza me invadió, el sentir que la persona que ahora amaba había sido usada como un objeto, que el mismo lo consintió por las dificultades en su vida.
- No, marica usted me esta jodiendo la puta vida, póngase serio malparido.
- Es en serio - ni una sonrisa, ni un rastro que estuviese mintiendo -
Las lágrimas encontraron su cauce en mis ojos.
- ¿Por qué lloras Gordis?
- Pero si yo conozco tu trabajo, sé que adoras a tu hermana y a tu sobrino, que quieres mucho a tu mamá. Me has contado ya muchas cosas de tí. Sé que eres bastante juicioso, yo mismo he visto lo buen trabajador que eres
- Si, pero eso fue hace mucho tiempo. En casa estábamos bastante mal.. pues una cosa llevo a la otra
- Güevón - entre lágrimas - ¿Por qué no me habías contado?
- Me daba miedo que me dejaras de querer
- Marica, a mi lo que me importa es que estás aquí y ahora, eso ya pasó, el Jairo que conozco es este man que esta acá, que trabaja, que lucha por su familia. Yo A USTED ya no puedo dejar de quererlo
En ese momento me abrazó, sus ojos se iluminaron y al oído me susurró:
- ERES UN REYYYYYYYYYYYY GORDIS...TODO ESO ES MENTIRAS
Lo empuje fuerte, mientras el soltaba sórdidas carcajadas
- UYYYY JAIRO usted es mucho HIJO DE PUTA
Jairo sólo ríe
- MARICA EN SERIO DIGAME Y RECONFIRMEME QUE ES MENTIRAS
- Pobre gordis - Jairo reía - venga le doy uno pico
- NOOOO, YO NO QUIERO PICOS, USTED ES UN MALPARIDO, COMO ME VA VENIR CON SEMEJANTE CUENTO
Tras un rato de discusión donde lloré mas de rabia que de tristeza, nos abrazamos:
- Ya se calmó mi rey.
- Si, pero marica no me vuelva a hacer una de esas chanzas.
- Gordis ¿Es verdad lo que me dijiste, que independiente de lo que haya sido me seguirías queriendo?
- Si, es verdad - con total seguridad -
- ¡ERES UN SOLLLLLLLLLLLL, MI REYYYYYYYYYYYYYY!
Tras esa última pregunta, quedé con mis dudas sobre Jairo. Si, pensaba en él como persona, como un ser que merece ser amado tras tanto sufrimiento, pensaba y aún aquí recordándolo pienso de igual manera, que independiente de todo lo querría...Lo amé como nunca había amado. A pesar de esa duda y otras sobre su pasado, sanamos mutuamente nuestras heridas a punta de mordiscos, besos, apunta de caricias, miradas, sonrisas, charlas, rumbas, tomatas y el pasado no importó mas.
Casi nunca peleábamos de aquella época, quizás la pelea la mas fuerte fue en una rumba. Después de salir de Theatron un sábado, fuimos con los amigos de Johan a un after muy famoso llamado 'Trinchera', uno de aquellos lugares donde no hay ley después de las tres de la mañana, el underground gay de la ciudad. El sitio era una bodega oculta en un callejón, en aquel lugar no habían clases sociales, tampoco discriminación, solo rumba y drogas, el lugar era la delicia de los que salían de los sitios gay de chapinero en la madrugada y querían seguir bailando. El calor, el olor a marihuana y cigarrillo se filtraban hasta la calle.
La recepción era atendida por una lesbiana muy masculina simulando una agresividad extraña que ni siquiera un hombre exhibe. La bodega estaba llena, una luz púrpura bañaba los rostros de la multitud, las ventanas se encontraban tapiadas, no había ventilación, el viciado aire ahora olía a poppers, sudor, a drogas.
Junto a sus amigos Jairo se descaró metiendo perico, me molestó mucho. Nunca me había molestado que mis amigos o conocidos lo hicieran, nunca lo había probado, por miedo, por miedo a quedarme enganchado, por miedo a volverme adicto, aunque no tuve miedo con la marihuana la cual consumí estando en la universidad con mis amigos y algunas veces solo.
- Gordis prueba eso no tiene nada - mientras hago mala cara -
- Tú sabes que a mi esa mierda no me trama.
- No seas bobo.
- Si sigues metiendo me largo de este chochal.
Discutimos por cerca de media hora,.
- Sabes que Jairo me largo.
Ya en la salida dos de sus amigos me alcanzaron.
- Juan quédese, miré no vaya a dejar botado a Jairo, antes pruebe y verá que no tiene nada malo- a pesar de todo lo mio era mas miedo-
- Gordis ven prueba y verás- me decía Jairo desde la pista de baile totalmente extasiado. -
Despues de parar de bailar, Jairo se me acerco. Me retaba con sus ojos verdes.
- Que hijueputas....- la curiosidad y la presión social me pudieron más -
Ángel, uno de los amigos de Jairo se acercó. Ya había visto como colocaban el polvo de coca en el pequeño agujero que se forma entre la muñeca y el dedo gordo al levantar el dedo, los emule. Ángel colocó el fino polvo en la juntura de mi mano.
- Aspire duro Juan.
Aspiré todo el polvo. Me fastidió la nariz. No paso nada más. El resto de la noche la pasamos muy bien. El polvo lo único que hizo fue quitarme la borrachera. No puedo decir que me haya gustado ni que me haya disgustado.
- Si ves gordis no es nada del otro mundo
Pasamos derecho la noche, de mañana el sexo fue maravilloso. Habría que repetirlo en otras ocasiones, nunca fui de drogas, y aunque sentía curiosidad, la única droga que de verdad había disfrutado y consumido medianamente seguido en la universidad fue la marihuana.
Hasta el tercer mes nos cuidamos, pero aún con mi sueldo nos parecía que la renta de los condones nos iba a quebrar, adicionalmente Jairo me presionaba mucho, sobre si confiaba o no en él.
- Gordis
- Dime bebe, sabes de que tengo ganas. - después de morderme el cuello de manera salvaje -
- jijijijijij ya sé
- Espérate saco los condones, que están en mi maleta.
- No gordis, así no mas.
- Esto ya lo habíamos hablado bebe, sabes que a mi me da miedo
- Ahyyyyyyyy pero miedo de que gordis ¿acaso no me conoces ya? ¿no confías en mi?- me hacía pucheros -
- Sí, pero es que uno nunca sabe.
- Ya te he dicho que no tengo nada.
Jairo me dio la espalda de mal genio.
Me sentí mal no quería eso, otras veces se había mostrado mas tolerante, le había prometido que lo haríamos sin condón varias veces antes. Lo medité mucho, hasta hice la cuenta de la probabilidad de dar con algún portador de VIH, mi cálculo mental dio 1/300 de acuerdo a las estadísticas de los periódicos. No he estado en mi vida con 300 hombres, estaba cansado de tanto cuidarme, de haber dejado pasar ya tantas oportunidades de encuentros sexuales por miedo al VIH, tanta paranoia me había hecho reprimirme sexualmente, era hora de dejarla atrás. Pensé era immposible que Jairo estuviera infectado. Besé su cuello, muy despacio volteo su cuerpo hacia mi respondiendo a mis besos y caricias.
Solo esperé que no pasará nada.
Después de ese día él y yo hacíamos el amor torpemente después de embriagarnos los días jueves en los barra libres, después de bailar extasiados uno del otro hasta ser los últimos en salir de los diferentes bares de la primera de mayo.
El y yo hacíamos el amor silenciosamente cuando se quedaba en mi casa queriendo ocultar a mis padres nuestra presencia.Hacíamos el amor salvaje mente, mordiéndonos, luchando como dos bestias por el dominio del uno sobre el otro como dos animales peleando por arrancar la piel el uno al otro. Hacíamos el amor tranquilamente en las tardes soleadas los domingos después de ver una película de terror. Presurosamente hacíamos el amor los días que me quedaba en su casa, debiendo yo madrugar y el descansar. Incómoda y risueñamente hacíamos el amor por culpa de los troupes de la vieja y dura colchoneta.. Cómodamente hicimos el amor, cuando para su cumpleaños le regalé un colchón nuevo. Descaradamente lo hacíamos en los vestidores de los baños termales cercanos a la ciudad. Tiernamente hacíamos el amor las frías y lluviosas mañanas de los días festivos. Penosamente hacíamos el amor las mañanas en las que su madre mas de una vez nos descubrió desnudos en su cama en una mañana de un día cualquiera. Calurosamente hacíamos el amor en las camas de los hoteles de melgar donde descansábamos tras beber muchas cervezas, y besarnos en las penumbras de la noche bajo el agua tibia de las piscinas de aquellos hoteles baratos. Hacíamos el amor dulcemente cada vez que jugueteábamos con leche condensada y dulce de leche sobre nuestros cuerpos. Desconfiadamente hacíamos el amor después que peleábamos por sus constantes espectáculos por culpa del alcohol.
Éramos solo dos hombres, amigos, amantes, confidentes, no pasivos, no activos solo dos hombres disfrutando de lo que la vida nos había dado, disfrutando juntos de nuestros cuerpos, de nuestra confianza mutua, llevados por la locura que sentíamos el uno por el otro. Hicimos el amor hasta el cansancio hasta que enfermé.
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