miércoles, 29 de junio de 2011

2-6

Entre todas las infecciones oportunistas que tengo hay una que según la dermatóloga parece un camino de piedra, un camino de piedra como aquellos que tanto amo, que tanto me gusta transitar en soledad  entre la niebla, uno de aquellos caminos reales que construyeran los conquistadores españoles para transportar mercancías.

Son un fastidio, verrugas virales una tras otra en la planta de mi pie derecho, verrugas corneas tan duras como la roca de los caminos reales.
Es viernes en la tarde, mi tía Ginet había quedado de pasar por nosotros para acompañarnos  a la cita de dermatología, la cita es a las 4 de la tarde ella debía estar en casa a las 2:30 de la tarde, sin embargo son las 3pm y ella no aparece, ni madre marca varias veces, ella contesta:

-Mari, ya estoy llegando deme cinco minuticos...

A las 3:15 llega, salimos de afán. Dentro de mis lapsos, dentro  del dolor sé que vamos tarde, no tengo manera de expresar mi afán, realmente quiero que esas verrugas desparezcan; también en ambas plantas tengo tiñas, no tan graves como las verrugas pero son bastante molestas. El transporte no pasa, curiosamente hace sol, pero las nubes negras acechan el asfalto en la lejanía. Llevo como siempre en esos días varios sacos y una chaqueta, el calor es aún mas insoportable, al fin pasa algo para transportarnos. Deseo ir sentado, no soporto estar de pie, quiero sentarme, quiero que nos vayamos en taxi.

- Ma.....mi                    vamos                                  e     n                  ta          x      i

Mi madre me mira con rabia

- No hay plata para taxis, por su culpa estamos metidos en esta, nos vamos en buseta.

Es la conducta de mi madre cuando siente  rabia, por que las cosas se salen de sus manos y desea hacer sentir mal a la persona que saco de sus manos el control, en este caso soy yo. En este estado, solo puedo contar con ellas, no siento rabia, solo desesperanza.

Al fin obligado subo al transporte, debo irme de pie, afortunadamente alguien deja pronto el transporte y puedo sentarme. No contábamos con las vueltas que debe tomar la buseta para llegar al hospital, ni tampoco con la lluvia que ahora se hace patente sobre las latas del transporte. Miro desesperado a mi madre y a mi tía, quienes van sentadas dispersas entre las sillas. El trancón es tan insoportable que ellas me hacen señas para que me pare, debemos bajarnos a tomar un taxi o no llegaremos nunca. Bajamos a la ciudad en medio de la incipiente lluvia, en un lugar lleno de ruido y suciedad. No quiero hablar, solo quiero llorar, me duele todo, el horrible contraste de sensaciones, el calor dentro de los cobertores, la fría lluvia, le viento helado, la grasa derretida en mi piel junto a la comezón. Nada nos para perderemos la cita. Finalmente un taxi, y para nuestro lado.

Caminando hacia los consultorios puedo sentir la rabia de mi madre por mi lento y torpe caminar. Son  las 4:15 de la tarde, mi tía corre al consultorio de la doctora dejándonos a mi madre y a mi en un la sala de espera. Afortunadamente la doctora me atenderá.

-Buenas tardes ¿Cómo vas? Te veo de mejor semblante, siéntate -Amablemente la doctora-

Torpemente intento tomar asiento

- Cuidado padre te caes. -mi madre- Ginet ayúdelo a sentarse.

Mi tía toma mi mano para ayudarme

- Quítate los zapatos Juan

Mi madre es quien lo hace.

-Lo pueden llevar a la camilla por favor- la doctora a mi madre una vez estoy sin zapatos-

Torpemente me muevo, mi madre y mi tía me sientan en la camilla

-Acuéstate por favor Juan -la doctora desde el otro lado de su pequeña oficina-

Una vez acostado la doctoras entra ya con guantes, esta allí con dos practicantes, mira mis plantas de los pies, llama a los estudiantes

- Miren muchachos estas verrugas solo le salen a los ancianos o a personas severamente inmunodeprimidas él no tiene edad para que este tipo de verrugas aparezcan, pero por la infección por VIH es la que ha permitido que aparezcan
Me siento como un conejillo de indias, el vivo ejemplo de las patologías dermatológicas por infección con VIH.
Los muchachos observan.
-Voy a iba a cauterizarlas con nitrógeno líquido. dame un momento-la doctora-
Los practicantes salen del pequeño cuarto improvisado, la doctora va hacia un estante del cual saca un tubo plástico que conecta a un pequeño tanque metálico, dirige la punta libre del tubo hacia la planta de mi pie derecho:
- Te va a molestar un poco
TSSSSSSSSSSSSSSSS, TSSSSSSSSSSSSSSSSSS, TSSSSSSSSSSSS- Suena el nitrógeno al salir a presión. Siento algo de frío en la planta de mi pie.

- He quemado algunas verrugas pero la lesión está muy extendida así que el procedimiento debe ser realizado por lo menos dos veces mas para acabar con todas las verrugas. Aunque es probable que con el inicio de los antiretrovirales empiecen a sanar.

Al salir de consulta, llueve, llueve más, y la ciudad gris nuevamente ¿Cómo regresaremos a casa? Camino torpemente siguiendo a mi madre y a mi tía. Bajamos unas cuantas cuadras desde el hospital hasta una avenida por donde pasa el transporte público de la ciudad.
-Ma       mi                va                mos             en         tak     si
Mi madre esta de mal genio,  avanzamos lento por mi culpa
- Apure mas bien
- Nooo          quie            roo            ir               en              bus
- Pues de malas. No hay plata, estamos en estas es por su culpa. Si usted se hubiera cuidado no estaríamos todos pasando por estas, ya se lo había dicho ¿Cuántas veces le dije que se cuidará?
- Mire Mari ahí viene una buseta
La buseta va llena no creo que pueda irme de pie, ver el transporte lleno me hace sentir mal, siento que no puedo mas con esto, quisiera caer, quedarme allí en el suelo y morir bajo la lluvia

- No               bus                 va              mos eennnnnn                     ta          ksi
- Nada no hay plata
Mi tía observa, mientras algo parecido a la rabia trata de formarse en palabras en mi boca
- Siiiiiieeemmmmpppreee lo misssmmmo, estttoooyyy mmmaaaammmaaa          do de tuuu.                        taaaa           cañññeria
- AHHHH!!!!! si es que tiene mucha plata entonces pague el taxi- contesta mi madre-
No aguanto mas, no quiero irme de pie, no puedo aguantar, este desespero me acaba, quizás por primera  en la vida puedo articular una respuesta hiriente a la constante tacañería de mi madre.
- Sabe que no le voy a volver a hablar - mi madre a mi-
- Mari en vez de estar peleando, vámonos en esta buseta que parece viene con puestos - nos dice mi tía -
A regañadientes mi madre sube. Sube sin hablarme, sube como si yo fuera un desconocido, mi tía me ayuda a subirme, no es la manera de llevar las cosas; no sé si lo hace por una suerte de venganza o como forma de reproche o simplemente por frustración.  El dolor me mantiene en la realidad, intentando articular coherentemente mis emociones, recuerdo el dolor emocional, me duele por que soy quien he llevado el mayor porcentaje de dinero a la casa durante los últimos años, por que esto que nos pasaba  en realidad le puede pasar a cualquiera, me duele que por un error, no vea todo lo bueno que he hecho por la familia.
De nuevo quedamos dispersos, el transporte aunque con sillas es peor de incomodo que el de ida, mis piernas tallan contra la silla de adelante, soy demasiado alto para viajar en estas sillas, el calor es infernal debajo de los buzos y la chaqueta, no puedo quitarme ninguna.
Aquí incomodo, doblado contra la silla de enfrente esbozan con mas fuerza la tristeza, la impotencia, la desesperanza; recuesto mi frente en la silla de adelante, lágrimas de tristeza fluyen por primera vez desde que perdí el recuerdo de las emociones, hubiera querido que la tristeza hubiera vuelto de otra forma, no es la tristeza normal, es solo una sombra de tristeza, pero al fin y al cabo tristeza, algo que se había perdido. Ahora en la vida camino descalzo por un camino de piedra mas duro que los reales, un camino de obstáculos tanto físicos como emocionales.
 
Al llegar a casa me he encerrado en el estudio, mi madre baja al rato al escucharme llorar, no sé bien por que lloro, no sé bien lo que siento, todo es tan confuso. Mi madre me abraza algo me dice, algo que no entiendo, apretado contra su regazo, con el abrazo y su tono de voz logro calmarme, puedo estar tranquilo, el calor de su regazo me recuerda que es mi madre, ese calor no me abandonará a mi suerte.



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