martes, 28 de junio de 2011

2-15

"I want to live where soul meets body
And let the sun wrap its arms around me
And bathe my skin in water cool and cleansing
And feel, feel what its like to be new"
                    When soul meets body  .Death cab for a cutie. Plans 

En medio del bullicio de la clínica de la Floresta nuevamente esperamos con mi madre el llamado de la doctora Elvia. Mi mente divaga...¿Qué me pasa, que es lo que tanto busco que tanto me duele? No, no es dolor físico, es un fuerte dolor emocional, es la migraña, la migraña es dolor emocional, no es el virus...son los errores que no cometí en la vida, todas las cosas de dejé de vivir por el que dirán, por miedo, por creerme todo aquello que se me inculcó. Me duele todo lo bueno y correcto que he sido. Como quisiera haber sido mas libre de mi mismo y haber cometido mas errores en mi vida, errores que quizás no puedo cometer ahora sin arriesgarme a perder mucho mas. Apuesto a que hasta si hubiera sido mas puto, no estaría en estas...sin embargo...en realidad nunca me ha nacido serlo. Me duele mi idiotez, mi idealismo, mi candidez... siempre tuve miedo de aceptar completamente mi sexualidad, además siempre, siempre estuvo en mi el miedo a infectarme. Acá el problema no es el virus ha sido mi actitud ante la vida. Me duele horrible aceptarlo.

El bullicio de los niños llorando, el murmullo de la gente, las múltiples chaquetas y el improvisado tapabocas de lana que mi madre llama 'el cosito', la fuerte luz de la mañana me abruman, me siento ansioso, quisiera caer en el vacío de mis extraños episodios, pero en este momento la sobrecarga sensorial me mantiene en la odiosa realidad de mi enfermedad, en el fastidio que me produce toda esta puta situación. En medio del fastidio, algo llama mi atención, las sillas de la sala, las sillas de la sala, tienen algo, en medio del gris de mis percepciones lucen...diferentes, son...azules? 

- Juan Diego Ortiz - sobre el murmullo la voz de la doctora Elvia sobresale - Juan Diego Ortiz, a terapia ocupacional.

- Vaya a ver Juan. - dice mi madre dándome un codazo -

- Federico Aldana, Federico Aldana, a terapia ocupacional. - nuevamente la doctora Elvia -

Torpemente me dirijo al consultorio, cuya entrada está en un pequeño recoveco del fondo de aquella sala. Afortunadamente el consultorio es un lugar seguro al bullicio del exterior, hay algo extraño en el consultorio, no sé si todas las cosas han cambiado de lugar, es mi memoria trastocada la que hace que todo se vea diferente, sin embargo no comento nada a la doctora. Tras mio una de las hijas de don Federico lo lleva de gancho hasta el consultorio, donde lo deja sentado en la mesa de las plastilinas, don Federico ya no está mas allí, la demencia ha consumido su mente, sus ojos solo demuestran confusión. 

- !Buenos días mis muchachotes!! Espero estén muy bien. - nos dice la doctora -. Bueno Juan tú ya compraste las sopas de letras?

- Si    doc.

- Súper, hoy primero vamos a estar de nuevo con las plastilinas, luego con las figuras, y en la segunda media hora te voy a dejar unos ejercicios de matemáticas. Don Fede, sumerce me va a empezar hoy con los rompecabezas.

Con mis temblorosas manos tomo los trozos de la gruesa plastilina, de alguna manera amasar aquella sustancia cambia el foco de mi somera atención del dolor emocional al presente. Observo a don Federico, quien no atina siquiera a tomar entre sus dedos las enormes fichas del rompecabezas...así me debo ver también, aunque a pesar de todo me siento vivaz, no siento que mi mirada esté tan ausente como la de con Federico.

Luego de unos 10 minutos alguien golpea a la puerta. La doctora abre.

- Quibo Dianita, siga y charlamos un ratico. - dice la doctora dirigiéndose con familiaridad -

Ambas se dirigen al escritorio. Aunque absorto en mi sencilla tarea, algo escucho de la conversación

- Ay Dianita, si usted viera los casos que hay en ciudad Bolívar.

-  Lo sé también he trabajado allá.

- Pero usted no se imagina, ya llevo un mes atendiendo a un grupo de niños en unas condiciones terribles. El que mas pesar me da es un niño que nació cieguito y sordo, el resto de los niños lo apartan de todo, el chiquito pareciera mas guiarse por el calor que siente de las personas, cuando encuentra a alguien se le pega para no separarse, y eso también asusta al resto de los niños.

- No me cuente eso doc, eso es muy deprimente.

Ese pequeño dialogo me turba, me hace sentir el horror de mi propia condición actual, mi mente se crispa, recuerdo al monstruo del laberinto del fauno que tiene sus ojos en las palmas de las manos. Trato de no pensar en todo ello, pero siento temor, no puedo demostrarlo,  pero me parece horrible, algo dentro de mi siente el vacío y la desesperación de aquel pequeño, es mi propia desesperación  aferrándome a la vida. Debo desviar mi atención a la plastilina, la plastilina, mis propios problemas, mi propio dolor. 

- Bueno Juan, vamos con las figuras geométricas, las que tenía Beto hace una semana.

Aún cuando sé, es una entretención infantil, me cuesta trabajo reconocer las formas de las figuras y donde estas deben encajar. Sin embargo contra todo pronóstico, lo logro antes del tiempo estimado. Aquel extraño temor que me despertó la historia del pequeño desaparece en medio del pequeño gozo del logro con las figuras.

- Doc, doc. Vea.

- ¡Muy bien Juan! Veo que ya vas progresando. Te voy a pasar los ejercicios de matemáticas.

La doctora se dirige a un estante lleno de papeles de los cuales saca varias hojas.

- Mira Juan, en estos ejercicios primero hay unos laberintos, y por el otro lado hay unas sumas que debes completar. 

La doctora me pasa un lápiz 

- Doc.    Nooo entiendo.

- Juan mira, voy a resolver el primer ejercicio de esta hoja. Todas las hojas te las puedes llevar para que practiques en tu casa.

Luego que la doctora resuelve el primer ejercicio, por mi cuenta quedo totalmente perdido sin comprender la lógica que ella usó, sé son simples sumas, pero no logro comprenderlas. Preferiría seguir con la plastilina, pero si no me esfuerzo, jamás me voy a recuperar. Luego de un par de intentos de entender los problemas, mi mente colapsa, ya quiero irme a descansar. 

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Estoy en frente de un escritorio, es una biblioteca antigua iluminada solo por velas, los libros no están en los estantes sino que se encuentran volando. Tomo uno de esos libros, uno y otro están vacíos, sus hojas amarillentas no dicen nada, agarro otro libro, me doy cuenta que si tienen algo, cada hoja trata de mostrar texto, texto en un idioma cuyas letras son geométricas, con muchos palitos, cuando me doy cuenta de mi lucidez trato de leer y pido que los libros se vuelvan coherente, entonces despierto.

Quisiera dormir, dormir mucho, y que al despertar toda esta extraña pesadilla en la que se ha convertido mi vida terminara, deseo tanto recuperar mi salud, mi bienestar, mi conciencia, tristemente no sé si me vaya a recuperar totalmente. Junto a mi siento el calor de Lana en mi regazo, mi pequeño ángel peludo. Odio recordar toda la tediosa rutina a la que me debo someter, solo busco el control remoto del televisor, al prenderlo siempre en las mañanas está en emisión 'Smallville', aún despertar parece un deja vú. Luego de un rato absorto en la tv, siento algo de ánimos, me levanto y descorro las cortinas de mi cuarto...La ciudad se ve diferente, finalmente el sol ha salido, las lluvias han ido cesando y  puedo volver a ver los cerros de la ciudad desde mi cuarto, por instantes los veo diferentes, luminosos, con un halo diferente al pálido y lúgubre hastío con el que mi mente procesa todo desde que enfermé. Vuelvo a cama. Pronto empezara de nuevo la rutina con la vaselina.

Soy consciente que debo empezar a realizar actividad física suave por lo que le comenté a mi tía si me podía ayudar con ello, gracias a eso, hoy en la tarde iremos a una sesión de yoga, que mi tía Jinet apartó para mi en un centro deportivo de Compensar, será un cambio de ambiente, para mi madre y para mi. Aunque hoy es uno de esos días donde amanecí especialmente desanimado, donde mis piernas se sienten más débiles y todo mi cuerpo solo quiere dormir. La sesión será en la tarde.  

Luego de la rutina, vaselina, medicamentos, no quiero volver a mi cama, la cintura me duele demasiado por todo el tiempo que paso en cama. A pesar que internet es un poco mi escape, siempre termino en algún sitio de citas mirando chicos, a los que no puedo aspirar en mi estado, y a los que quizás nunca pueda aspirar. En facebook me pasa algo similar, fantaseo con todos los lugares y paisajes que publican amigos y desconocidos, y me duele, me duele estar aquí enfermo, sin dinero, dependiente de mis padres, sin saber si habrá realmente un futuro para mi...¿es tristeza esto que siento?¿Qué es este fuerte sentimiento de malestar? ¡JUEPUTA! que mierda tener mis sentidos y sentimientos trastocados sin ser capaz de articularlos y comprenderlos. Mientras pasa el tiempo intentaré leer, intentaré resolver alguna sopa de letras con mis temblorosas manos. 

En realidad no he hecho nada mas que garabatear todo el día en la revista de sopas de letras, el concentrarme en buscar las palabras me da dolor de cabeza, las letras bailan al compás de mis lapsos de memoria, las letras y las palabras parecieran desaparecer de mi campo de memoria, pero se están ahí y vuelvo a observar, al tenerlas ubicadas vuelven a desaparecer, y debo volver a buscarlas, es extenuante... este es el único camino.

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De alguna manera me anima salir a un lugar que no sea un hospital o algún sitio cercano en el barrio, no sé si es por el hecho que es un lugar diferente, las canchas, salones y piscinas de este complejo deportivo que no conocía parecen tener el mismo halo luminoso que observara sobre los cerros esta mañana. 

- Mary - dice mi tía dirigiéndose a mi madre, quien me lleva de la mano - venga por acá, en este edificio es el salón de yoga.

En realidad estoy totalmente desubicado, no sé como llegamos a este lugar, si me pidieran salir de allí no podría hacerlo, solo me aferro a mi madre. El salón de yoga se encuentra en el tercer piso de este edificio de ladrillo, para mi subir tantas escaleras es una tortura, pero con paciencia y la ayuda de mi madre logró hacerlo. Hemos llegado temprano, mi madre me ayuda a quitarme los múltiples sacos y la chaqueta que llevo puesta. Es un alivió. Me siento ligero. No recuerdo la última vez que mis brazos sintieron el aire frío, el calor del sol, fuera de casa, fuera de los consultorios médicos. Tiemblo, no porque tenga frío, son los temblores relacionados al daño neurológico.

Mientras inicia la sesión, mi tía y mi madre hablan de trivialidades, mientras yo observo todo, todo parece nuevo, aunque aún la realidad conserva ese halo gris, etéreo, lúgubre, pero aquí, lejos de casa esa sensación, parece debilitarse y todo empieza a parecer mas...bello. 

Luego de un rato, el salón ya se encuentra lleno, dentro del salón, frente a la pizarra, un hombre barbado de edad de cabello largo, con voz suave dice:

- Buenas tardes, por favor ingresen todos los que vayan a tomar la clase de hoy.

Finalmente me separo de mis escoltas, lo que me hace sentirme 'bien'. En el piso del salón hay colchonetas ubicadas para cada uno de los participantes. 

- Por favor recuéstense en la colchoneta, cierren los ojos, y sigan mis indicaciones para respirar.

Ciertamente es relajante. Luego de un rato el instructor empieza con las instrucciones y las poses que debemos tomar, para mi es muy difícil realizar cada pose, al intentar repetirlas, todo mi cuerpo tiembla descontroladamente. Quiero salir de allí, quiero que termine esta clase, pero debo mantenerme firme, recuerdo todo lo que me prometí, que no importa lo duro que tenga que pasar para recuperarme lo voy a tomar estoicamente. El instructor empieza una pequeña disertación a la cual no le pongo atención por estar tratando de hacer que mi cuerpo responda adecuadamente, al rendirme logro escuchar parte de su disertación.

- ...El yoga es para gente sana, el yoga no es para sanar enfermedades.

Siento que aquella disertación iba dirigida hacia mi, sin embargo no me importa, solo quiero que la clase acabe.

Como siempre al finalizar alguna clase de cualquier cosa, algunas personas se dirigen al instructor. Yo solo quiero regresar a mi cama.

- Juan ¿Cómo le fue? - pregunta mi tía -

- Bien       Jinetcita. 

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Ahora la revista de sopas de letras se ha convertido en mi fiel compañera, lo interesante de estos ejercicios es que al concentrarme en ellos, la realidad deja de difuminarse, estos ejercicios por mas agotadores, me mantienen anclado a la realidad. Ciertamente a diferencia del primer día en la oficina de la doctora Elvia, por mi cuenta, he logrado resolver ya completas algunas sopas de letras de la revista; en las sesiones que hemos tenido la doctora también me ha dado hojas con laberintos y ejercicios donde debo resolver ejercicios simples de 'ecuaciones', estos son los que me cuestan. El esforzarme en resolver estos ejercicios realmente me está ayudando, no puedo decir que los lapsos de ausencia hayan desaparecido, aún algunas veces me quedo ausente frente al televisor, o simplemente me voy, quedando con una sonrisa idiota en la cara, ausente del mundo, cuando alguien me habla.

Es día de terapia. Estoy despierto en mi cama, recostado sintiendo como mis trapecios saltan solos, contrayéndose de nuevo, para volver de nuevo a su posición de manera automática.

- JUAAAAAAN BAJA A DESAYUNAR!!!! - grita mi madre -

Al sentarme en la cama para bajar a desayunar, entro nuevamente en ese extraño estado. Sé que existo, que soy algo, pero no sé que, es este realmente mi cuerpo. Miro fijamente a la puerta corrediza del armario frente mío. No atino a recordar que iba a hacer. ¿Qué iba a hacer? ¿A dónde me dirigía?  

- JUAAAAAAN BAJA A DESAYUNAR!!!!- grita mi madre nuevamente-

El segundo llamado de mi madre, me devuelve a la realidad. Todo transcurre como todos los días de está extraña época de mi vida, todo es gris, todo es plano. Aunque observo por la ventana, aunque llueve y la ciudad está gris nuevamente, hay algo extraño. No sé como describirlo, los grises parecieran vibrar. No tengo afán, la cita de terapia es cerca del medio día. De una de las repisas de mi armario, tomo los dos tarros de pastillas, y separo la dosis de hoy.

Al bajar, la mesa para toda la familia está servida, mi madre ha servido ya el chocolate y huevos para todos. Al sentarme veo perdidamente el programa de la mañana, ese programa donde un hombre calvo de gafas, con un panza algo deforme, quien junto a una bella modelo, ridiculiza a las estrellas fugaces del momento. Me pierdo en el reflejo del sol en el vidrio que cubre el mantel de la mesa, observo algo desesperanzado, mi atención se centra ahora en la televisión, a mi madre le gustan los palurdos programas de la mañana, llenos de modelos insulsas, comediantes de humor burdo y las noticias de los asesinatos y masacres del día. En este momento aquel presentador invita al panel a uno de aquellos burdos humoristas, el programa de la mañana es el ruido de de fondo de nuestro desayuno familiar. Mi atención se desvía de la comida hacía los chistes de aquel hombre.

-  Jotica, van dos ciegos por el desierto de la guajira, uno le dice al otro:

-  Ojalá lloviera.

-  Y el otro contesta, Ojalá yo también. 

Suenan entonces las risas de fondo,  es una broma de las que nunca me he reído por parecerme tonta y estúpida, sin embargo esta vez esta estupidez, esta tontería...ha desatado algo en mi mente. 
!Acabo de entender la broma! ¡LA ENTENDÍ!, ¡LA ENTENDÍ!, ¡RÍO A CARCAJADAS! ¡LLORO DE LA RISA!¡ESTOY FELIZ!
¡TODO DE LA NADA!
No solo la risa parece haber vuelto, tengo esperanza de nuevo, la siento en el pecho. Al terminar de reír pienso en las personas que no ríen, en las que no lloran, que no lo hacen o por pena o por orgullo o por no se que, como si reír, llorar, sentir no valieran, en este momento mi alma  aunque no ha vuelto del todo a mi cuerpo se ha conectado de nuevo, ese chispa de risa inunda mi pecho.
Han vuelto las ganas de hacer algo mas de mi vida, las ganas de volver a luchar con mas fuerza. ¡LAS PERSONAS NO SABEN EL TESORO QUE TIENEN EN SUS EMOCIONES Y SENTIMIENTOS! NO, NO LO SABEN!

Mientras río como loco, mi familia observa, anonadada, finalmente logro calmarme...pero una sonrisa se dibuja aún en mi rostro.

                                                

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