Acabo de llegar a casa, caminaba bajo la lluvia pensando, recordando, sintiendo la lluvia, el frío, el dolor, sintiendo la vida, esta vida que casi pierdo, esa vida que realmente nunca viví, esta vida que aprendí a valorar... No pensaba en escribir pero las palabras empezaron a fluir de nuevo, mucho menos en este estado.
Hace algún tiempo tras leer un artículo sobre los pensamientos de los moribundos quedé abrumado, lo que allí decía trajo a mi mente todo lo sucedido hace algún tiempo... Tras algunos días de darle vueltas al asunto pregunté a mi madre si ella pensaba cada día en las cosas que había dejado de hacer en la vida, contestó pasmada:
- YO NUNCA PIENSO EN ESAS COSAS...
La respuesta de varios amigos fue similar. Entre la vida y la muerte, tanto como ahora, pienso en cada una de esas pequeñas cosas que dejé de hacer en esa otra vida que quedó atrás; en este tiempo nuevo son aquellas cosas, esas pequeñas satisfacciones, esos momentos los que hacen mi vida.
La muerte está ahí en todo lugar, en las hojas que amarillan y caen, en nuestra matanza de animales por comida, en los pequeños pájaros y roedores atropellados en las vías de las ciudades, en la constante batalla por sobrevivir. En cada día que pasa de nuestras vidas, ella está allí, en todo momento... Saber que la vida puede acabar en cualquier instante te hace consciente de tu propia mortalidad, ese saber lleva a un cisma en la vida; para muchos la muerte está lejana, es sólo un temor lejano que preferimos vivir ignorando , viviendo tontamente, creyéndonos inmortales, e igualmente ignorando todo aquello esencial de la vida.
En el portal último hacia lo desconocido las personas se arrepienten no de aquello que hicieron, sino de aquello que dejaron de hacer, sea por cobardía, por sus condicionamientos, por desgano, por pereza, por dejarse llevar por los que los demás dicen o simplemente por seguir a la manada. ¿Qué sería de mi mundo sin mi?... no lo sé, aún sigo con vida.
Quizás, quizás siempre me escondí de mi mismo, como se esconden los rayos de sol tras las nubes...
Si muero de viejo moriré demente lo sé, es el pago justo por el regalo que me fue dado.
Espero disfruten está historia.